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Y sin más, el gobernador Rafael Moreno Valle descubrió que su inmenso, inmaculado, irrefutable, intocable, inmortal y casi divino poder tiene límites.
Sí, límites.
Geográficos y políticos.
Oh Lord.
Y que como todo mortal también puede ser bateado en cualquier momento.
Qué decepción para ese hombre —que es capaz de someter a los Poderes, de aniquilar a sus adversarios, de destruir a sus detractores, de amordazar a sus críticos, de gobernar hasta a los partidos de oposición y hasta de imponer a sus operadores/amigos en organismos ciudadanos— descubrir que pasando Río Frío se convierte en un simple mortal más.
Aaay.
Sí en Puebla, muchos mueren por saludarle.
Otros sufren por una mirada de aprobación.
Algunos ruegan por una palabra de aliento.
Por un apretón de manos.
Por una llamada ocasional.
Por estar en su lista de BB PIN —aunque nunca interactúen—.
Por un comentario en la mesa.
Por una prueba, al menos, para saber que existen para el Señor Gobernador.
Lo que sea es bueno.
Incluso, para los románticos, basta una sonrisa del Señor Mandatario, para sentirse arropados con su Gran Poder. —Yo siempre me pongo contenta cuando me sonríe—
Muy pocos, poquititos, escasos, son aquellos capaces de ignorar una llamada de Rafael Moreno Valle.
Qué decir de aquel que ignoró cinco llamadas, cinco ruegos, cinco súplicas, del Señor Gobernador.
Claro, no todos se llaman Luis Videgaray en este país, en este momento.
No hay lugar a dudas, el tiempo todo lo agota y todo lo transforma.
Let´s see.
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La travesía del desdén
Pasados los comicios del primero de julio, uno de los hombres más cercanos al presidente electo, Luis Videgaray recibió una curiosa llamada para felicitarle por los resultados, por los días por venir y por supuesto, para ponerse a la orden.
Días después, llegó esa llamada al móvil de Luis Videgaray para una reunión privada, para acordar los lineamientos de 2013.
La respuesta fue ambigua:
—Sí cómo no, Gobernador, ya lo agendaremos. Yo te llamo.
Obvio, la llamada para acordar el encuentro no llegó.
El mandatario insistió y volvió a llamarle al hombre de todas las confianzas de Enrique Peña Nieto.
—Claro, lo tenemos pendiente. Estoy en una reunión. Te llamo, Gobernador.
Zas.
Doble zas.
Videgaray tampoco cumplió esa segunda promesa.
Y con la humildad que le caracteriza a nuestro Señor Gobernador, hizo un tercer intento.
Los tiempos del presupuesto 2013 ya están encima.
La respuesta fue dilatoria otra vez.
—Este…sí, Gobernador. Mira con la toma de protesta y todo, pero ya nos pondremos de acuerdo.
Nada.
Ni un asomo de voluntad peñista por estas tierras.
Los ruegos del Mandatario se agudizaron, profundizaron.
Una cuarta súplica se escuchó en el móvil del coordinador de la campaña del mexiquense.
Ups.
Tampoco funcionó.
La rogatoria “Ya recíbeme, ya recíbeme, ya recíbeme” es la que más ha escuchado Videgaray desde que arrancó la transición política en Los Pinos y obvio, no ha sido la más funcional.
Y sin más, el Señor Gobernador optó por una quinta llamada.
El presupuesto.
Los proyectos de Peña.
El apoyo para el nuevo gobierno.
La no operación del Gobierno en Puebla.
Y entonces, el magnánimo Luis Videgaray cedió.
Lo recibió en su territorio.
Delimitó los temas.
Marcó el tiempo de la reunión.
Despidió al mandatario.
Y acordaron un segundo encuentro, para los siguientes días.
Y ya.
No acordaron más dinero ni priorizar los proyectos del Gobierno de Acciones que Transforman.
¿Sintió frío el Mandatario?
Tal vez.
Esa es la sensación que recorre el cuerpo cuando bebes una pequeña dósis de realidad.
Miau.