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Francamente se les está pasando la mano a los aspirantes a la presidencia de Puebla. Ellos están en plena campaña. No reparan en medios ni costos. Están desaforados. Ellos y sus asesores están incurriendo en un verdadero abuso. De las formas y de los gastos.
Se necesitaría ser tonto o ingenuo si al ver la propaganda directa o torpemente encubierta no se traduce a pesos y centavos esta promoción. Y la consecuencia obvia: ¿de dónde sale tanto dinero?
Si bien son cuatro personajes del gabinete quienes trotan desbocados en pos de la alcaldía, son Fernando Manzanilla y Antonio Gali Fayad quienes no bien se han ido los polvos y lodos de la anterior contienda, multiplican su presencia para hacerse notar.
Por principio, es común escuchar comentarios de la gente en sentido reprobatorio. Y van desde el “ya párenle”, “no se hartan”, “no se acaban una y ya quieren la otra”, hasta el “es la más reciente generación de impúdicos chapulines”.
Y es que el espectáculo que ofrecen es grotesco. Si están en el gabinete, su prioridad debería ser su trabajo, los resultados de su encomienda, el cumplir con su cometido. Pero, apenas recibieron el visto bueno se han volcado sin discreción ni recato a la conquista del nuevo escalón de la burocracia.
Además de la repulsa que esto genera, porque el hombre de la calle invariablemente traduce a pesos la propaganda que ve por doquier, el siguiente mensaje es el ejemplo que se da a los aspirantes a los 216 restantes municipios. Si este proceder desbocado, ilimitado y burdo se da en la capital, eso es luz verde para que tal competencia se multiplique en el resto del estado.
Y surge ahí la primera y obvia pregunta: ¿el secretario de gobernación con qué autoridad moral podría llamar al orden, demandar mesura, austeridad y respeto a la ley al resto de aspirantes de toda la entidad?
Pero además, sus movilizaciones denotan una estrategia vacía y descarnada de lucha por el poder a secas.
Seamos claros: en lo que va de la administración estatal, estos personajes tienen una oportunidad de oro para exhibir sus grandes aciertos, logros y resultados en la cartera encomendada. ¿Y qué muestran? Nada.
Lo visible, lo ostensible, según se nos ha dicho, es el trabajo y los proyectos del gobernador. ¿Querrán decir lo contrario estos dos secretarios que vemos promoviéndose en televisión, radio, prensa y gigantes espectaculares? ¿Querrán ellos corregir la plana y colgarse méritos ajenos?
¿Qué medallas portan más allá de maromas populistas que forzadamente quieren que la gente compre como acciones espectaculares?
Lo que es evidente no requiere comprobación, dicen la gente. Y tiene razón.
Si tuviéramos, al cabo de casi dos años de gobierno, un dechados de resultados en acciones, obras y decisiones de estos personajes, que mostraran el talento, la creatividad, la productividad y el ingenio para traducir en conquistas superlativas el presupuesto asignado a sus tareas, eso sería suficiente para cosechar la aprobación y hasta el aplauso.
Pero no hay tal. Ninguno de ellos, hasta donde se tiene conocimiento, ofrece una hoja de servicios sobresaliente.
Probablemente han hecho su trabajo, no nos consta. Y si lo han hecho, y bien, apenas estarán cumpliendo su responsabilidad y devengando así un respetable ingreso.
Dejamos en el aire la duda respecto de su trabajo porque, de haberlo hecho mal el gobernador ya los hubiera relevado.
Simplemente están. Y están ofreciendo un flanco muy provinciano respecto del quehacer de un gobierno.
La sociedad no está formada por tarados mentales. Registra, toma nota. Y ya ven luego lo que pasa en las elecciones.
(Nos vemos cada lunes a las 19 horas por Canal 26 y todos los martes a las 14 horas por internet en Pueblaprioridad).