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Editorial

Lunes, 31 Diciembre 2012 17:34
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Fábulas

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Las fábulas son relatos muy antiguos en los que los protagonistas, muchas veces animales –pero también personas o cosas inanimadas- les dan lecciones a los hombres sobre las formas, caminos o hábitos para vivir con honestidad.

Prácticamente todos los pueblos han tenidos sus fabulistas, conocidos o anónimos, como el griego Esopo, Lafontaine, Iriarte, Samaniego, Campoamor, y mexicanos como Fernández de Lizardi y Rosas  Moreno, y muchos más.

Va un par de fábulas para obtener alguna moraleja  y, por qué no, aplicarla a la vida pública o privada, usted escoja sus personajes, sueños o aspiraciones, vicios o defectos; sean del presente o del pasado.

UN PLEITO.

Dizque dos gatos de Angola
en un mesón se metieron,
del cual sustraer pudieron
un rico queso de bola

Como equitativamente
no lo pudieron partir,
acordaron recurrir
a un mono muy competente;

mono de mucha conciencia
y que gran fama tenía
porque el animal sabía
toda la  Jurisprudencia.

Aquí tenéis  -dijo el gato
cuando ante el mono se vio-
lo que este compadre y yo
hemos robado hace rato;
y pues de los dos ladrones
es el  robo, parte el queso
en mitades de igual peso
e idénticas proporciones.

Aquel mono inteligente
observa el queso de bola,
mientras menea la cola
muy filosóficamente.

-Recurrís a mi experiencia
y el favor debo pagaros
amigos, con demostraros
que soy mono de conciencia;
voy a dividir el queso
y para  hacerlo mejor,
rectificaré el error,
si hubiere, con este peso.

Por no suscitar agravios,
saca el mono una balanza,
mientras con dulce esperanza
se lame un gato los labios.

-Haz, buen o mono, lo que quieras,
dice el otro con acento
muy grave,  tomando asiento
sobre sus patas traseras.

Valiéndose de un cuchillo,
la bola el mono partió,
y en seguida colocó
un trozo en cada platillo;
pero  no estuvo acertado
al hacer las particiones,
y tras dos oscilaciones
se inclinó el peso hacia un lado.

Para conseguir mejor
la proporción que buscaba
en los trozos que pesaba,
le dio un mordisco al mayor;

Pero como fue el bocado
mayor que la diferencia
que había, en la otra experiencia
se vio el mismo resultado,
y así, queriendo encontrar
la equidad que apetecía,
los dos trozos se comía
sin poderlos nivelar.

No se pudo contener
el gato, y prorrumpió así:
-Yo no traje el queso aquí
para vértelo comer.

Dice el otro con furor,
mientras la cola menea:
-Dame una parte, ya sea
la mayor o la menor,
que estoy furioso, y arguyo,
según lo que va pasando,
que, por lo nuestro mirando,
estás haciendo lo tuyo.

El juez habla de este modo
a los pobres litigantes.
-Hijos, la justicia es antes,
que nosotros y que todo.

Y otra vez vuelve a pesar,
y otra vez vuelve a morder;
los gatos a padecer,
y la balanza a oscilar.

Y el mono,  muy satisfecho
de su honrada profesión,
muestras su disposición
para ejercer el  Derecho.

Y cuando del queso aquél
quedan tan pocos pedazos
que apenas  mueven los brazos
de la balanza en el fiel,
el mono se guarda el queso
y a los gatos les responde:
-Esto, a mi me corresponde,
por los gastos del proceso.

LOS ADULADORES.

Al incensar a Júpiter potente
dos sandios labradores,
le tiznaron los labios y la frente,
y del sublime dios se rio la gente.

También a veces cuando menos piensan,
ciertos aduladores,
suelen tiznar al ídolo que inciensan.

¡Un saludable año y el todo el tiempo por venir, un abrazo afectuoso…!