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Editorial

Domingo, 14 Octubre 2012 20:11
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Esconden el estiércol debajo de la alfombra

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Sin duda que el equipo de Enrique Peña Nieto desarrolla una agenda múltiple para desembocar en el 1 de diciembre cuando asuma el poder. Y atiende varios frentes, aunque en apariencia dos son los más difundidos: la puesta al día de sus relaciones internacionales y las reformas en el Congreso, éstas con la intermediación de Calderón para que su sucesor no se ensucie las manos ni termine con abolladuras en la corona.

Sin embargo, el sentido común marca necesidades al mismo tiempo importantes y urgentes que parece dejar de lado. Por ejemplo la credibilidad, el factor confianza , y segundo la corrupción.

El diario Reforma, con una encuesta el reciente fin de semana pone el dedo en la llaga: el 53% de 820 personas consultadas en una encuesta, cree que la corrupción aumentará con la presidencia de Peña Nieto. Sólo un 25% piensa que disminuirá y el 22% no supo qué contestar. Ese es el punto.

Y que se anuda con el otro tema: la multicitada reforma laboral, que vive enredos, chantajes y atorones en las cámaras, y que es “vendida” por sus promotores como un remedio mágico que multiplicará los empleos en el país, pero que sin embargo todo indica que será una panacea semejante al parto de los montes, porque dejará intacto el fondo, lo principal: las montañas de corrupción y opacidad en torno a las dirigencias sindicales. Y este es también el punto.

Esos dos son asuntos que tienen que ver con la moral pública, lo que le interesa e importa a la gente. No se requieren encuestas para registrar el hartazgo de la sociedad sobre esa bisagra que daña al país, lo sume en el subsuelo y así aparece en todos los estudios internacionales relacionados con la transparencia, legalidad y confianza.

Y esto, obvio, tiene que ver con la cohesión interna, eso que se llama fe pública, esperanza colectiva, expectativas en lo porvenir, eso en lo interno. Y en lo externo, es un factor que determina la fama y el prestigio público de la nación, invertir o no en el país, confiar o no, y, la consecuencia: crear o no empleos.

Me parece que los estrategas de Peña Nieto, con él entre los pies, están optando por las ramas del follaje y no por el tronco. Da la impresión que les parece muy espectacular las discusiones en torno a los asuntos laborales, pero eso no le quita la avista al público de lo que resuena y brinca respecto del nuevo gobierno: si emerge de una elección discutida y discutible, con esto que se ve ahora ¿cómo le creemos?

Si el clima que se lee a partir de la encuesta muestra a una importante porción de la sociedad desconfiada, escéptica o abiertamente pesimista; si la información de los medios destaca que los aliados sobresalientes de Peña, los Romero Deschamps y compañía amenazan con una huelga nacional si se tocan sus privilegios, y sus correligionarios legisladores en ambas cámaras hacen maromas y piruetas para dejar incólumes los grandes tumores cancerosos que desprestigian a la sociedad mexicana, y sobre todo ello no se mueve una astilla relacionada con la voluntad y decisión política del presidente electo, pues todo indica que va empezar parchado y descalificado el nuevo gobierno.

Ya pueden multiplicarse las fotos con saludos y visitas a dignatarios de otras lejanas e importantes tierras, ya se pueden escuchar sonoras declaraciones en la retahíla de buenas intenciones, pero, ¿y el flanco interno?. ¿Qué le dice eso al factor que realmente importa, el ciudadano común?

¿Qué le dicen esas gratas vitrinas visuales que dan al primer mundo, cuando el mundo interno, el común de la calle, o el que quedó terriblemente resentido con el resultado electoral, quiere hallar al menos pequeñísimos asideros para confiar, por lo menos para confiar un poco?

Da la impresión de que la agenda del presidente electo y sus operadores van por otro mundo. Si es por omisión, porque no tienen bien puesto el oído en las percepciones de la gente, o porque en la escala de prioridades pesa más la deliberada distracción parlamentaria que tan distante es para el grueso de la sociedad, es un grave error.

Pero es más grave aún si no es un error por omisión sino por comisión. Si se trata de una deliberada estrategia para arrumbar para después asuntos vitales para el clima social que requiere el nuevo gobierno y que, invariablemente aparecerán en el arranque.

El tema es el clima social, el factor confianza, la siembra de esperanzas, las señales directas para confiar en algo, en alguien, los signos evidentes necesarísimos para enfrentar de modo directo e inteligente la corrupción y construir peldaños de confianza, dos medicinas que van juntas.

Si esto es para después, equivale a seguir e imitar el proceder del gato, esconder el estiércol debajo de la alfombra.

(Nos vemos y escuchamos cada martes a las 14 horas por internet, marque usted “pueblaprioridad”)

(Saludos cordiales a Enrique Montero Ponce y Raymundo Vega, un abrazo para ambos)

xgt49@yahoo.com.mx