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Uyuyuyuy.
Pues cómo que esta vida da hartas vueltas.
Tanto que a uno lo marean.
Bien dice mi papi que esta vida se encarga de cobrártelo t-o-d-o.
Le llaman karma.
El bumerang de la vida.
El que las hace, las paga.
Destino.
Cadenas.
Penitencias.
Etcétera.
Y obvio, las consecuencias son ineludibles e irremediables.
¿O no, mi queridísimo y adoradísimo Rafael Moreno Valle?
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La primera vez que vi el famoso corral de la ignominia —instaurado por el gobierno de Rafael Moreno Valle en sus eventos oficiales para encerrar a reporteros y fotógrafos— sentí náuseas y mareos.
No entendía su razón de ser y hasta la fecha, no lo comprendo.
Mi resistencia al ignominioso corralito la publiqué en columnas anteriores y hasta públicamente, le extendí la queja al secretario General de Gobierno, Fernando Manzanilla Prieto.
Como sea, mi berrinche se lo llevó el viento.
Los corralitos para la prensa ahí están más vivos que nunca.
Los reporteros de la fuente gubernamental se ciñen al cerco.
Sólo se mueven, si alguien se los autoriza.
De lo contrario, se quedan ahí, amontados, esperando que alguien les permita salirse de la zona acordonada.
Ufff.
¡Qué hígado de los reporteros!
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Y miren nomás quién nos vino a hacer justicia a los reporteros poblanos.
¡El flamante presidente de la República Enrique Peña Nieto!
Oh Lord.
—Yo ni siquiera voté por él—.
El sábado pasado, en la toma de protesta de Enrique Peña Nieto, los gobernadores priistas, panistas, perredistas y aliancistas de todo el país tuvieron su propio corralito.
¡Corralito para los gobernadores!
Yeiiii.
Incluido, obvio, Rafael Moreno Valle.
Que si quisieron ir al baño, pues no pudieron.
Que si quisieron saludar, pues no pudieron.
Que si quisieron echar rostro, pues no pudieron.
Que si quisieron colarse a la primera fila, pues no pudieron.
Que si esto o aquello, pues tampoco.
Los gobernadores que asistieron a la toma de protesta de Peña Nieto en Palacio Nacional llegaron juntitos, arrepegaditos, amontonaditos, revueltitos, en un camioncito.
Así como los acarreaditos de Temascalcingo.
Y Moreno Valle soportó estoico, eso sí, el encierro del corral.
Sonrió en las fotos y se acomodó muy obediente en su silloncito, en la segunda fila, en algún rinconcito de Palacio Nacional.
#Ahchingá.
Hasta obediente nos salió el señor Gobernador.
Aplausos para el corral de Peña Nieto.
Y más aplausos para el karma que sufrió mi querido Moreno Valle. —Sabes bien, gobernador, que todas mis palabras son de corazón... tuc, tuc—.
Miau.