Jorge Aguilar Chedraui volvió al territorio poblano este fin de semana.
Otra vez, pero ahora lo hizo público y asomándose en zonas habitacionales que se dicen olvidadas por Morena.
Pero la pregunta interesante no es si regresó, sino con quién regresó.
Hay solo dos respuestas posibles, y cada una cuenta una historia distinta.
Si es que regresó solo, y los eventos que tuvo en evidente acto anticipado de campaña en colonias y unidades habitacionales son parte de su proyecto personal de tomar el PAN por asalto, entonces JACH está jugando para sí mismo.
Y eso significa una cosa: está disputando con Mario Riestra el mismo y único espacio que le queda al PAN en la capital.
No hay dos espacios. Hay uno.
Riestra se asume como el único perfil del albiazul con números medianamente competitivos para pelear la alcaldía de Puebla, nuevamente, en 2027.
Él lo presume con las mediciones internas. Y que, de repente, aparezca otro panista trabajando colonias por su cuenta no es complemento, es competencia.
¿Tiene JACH los números para disputarle ese espacio?
La pregunta merece una respuesta franca: hoy, no.
En el ejercicio rumbo a 2024, las encuestas lo colocaron lejos de los punteros, cuadruplicado por Morena y por debajo del propio Eduardo Rivera.
Pero la política no se hace solo con números. Se hace con dinero, con aparato y con tiempo. Ahí es donde viene el riesgo para Riestra, porque JACH tiene los tres.
Tiene capacidad económica propia para sostener una pre-precampaña sin tocar las arcas del partido.
Tiene una red de operadores morenovallistas que sobrevivieron a la ecatombe del 2018.
Y tiene casi tres años para construir lo que en 2024 no tuvo.
Si esto es operación solitaria, Riestra debería estar nervioso.
Hay una segunda hipótesis de su regreso. Regresó acompañado.
Si lo que vemos es parte del armado Riestra-Genoveva rumbo a 2027, la lectura cambia por completo.
JACH no estaría compitiendo: estaría construyendo sus propias bases para la dirigencia en un futuro.
Tiene lógica. Riestra, como dirigente estatal, no puede pasarse las tardes tocando puertas en unidades habitacionales del oriente capitalino sin descuidar lo que sí debe hacer desde el comité estatal.
JACH sí puede.
Y tiene el perfil para hacerlo: capital propio, tiempo libre, aparato digital con más de 140 mil seguidores en Facebook, y la motivación de quien necesita reconstruirse.
Bajo esta lectura, el panismo poblano estaría haciendo lo que no había hecho en años: outsourcing de territorio.
Que JACH gaste sus recursos midiendo el agua, mientras Riestra reserva los suyos para el momento de la candidatura. Una división del trabajo elegante, si funciona.
El propio JACH dio una pista cuando reveló, en noviembre de 2024, la construcción de una Mesa Política Permanente del PAN.
Allí se sentaba él junto con Riestra, Genoveva Huerta, Carlos Blanco, Mónica Rodríguez Della Vecchia, Roberto Grajales y Humberto Aguilar.
La narrativa fue: dejen de excluirme, yo me sumo. Y se sumó.
Si esa mesa opera de verdad, lo que vemos en colonias es coreografía coordinada.
El problema es que ninguna de las dos hipótesis se sostiene del todo.
Y aquí es donde la cosa se complica.
Contra la hipótesis del proyecto coordinado pesa un dato incómodo: en agosto pasado, JACH renunció a la Comisión de Planeación del Consejo Estatal del PAN.
La explicación oficial fue que había cumplido su propósito.
La explicación de pasillo, en distintos espacios, fue que se hartó de no poder influir en las decisiones del partido. Una versión sugiere finalización ordenada; la otra, distanciamiento. No son lo mismo.
Contra la hipótesis del proyecto solitario pesa otro dato: si JACH estuviera realmente compitiendo con Riestra, ya habría señales de fricción pública entre los dos. Y no las hay. Ni declaraciones cruzadas, ni operación adversa en redes, ni filtraciones a medios. Silencio.
Y entre esas dos versiones, el militante de a pie del PAN poblano queda exactamente donde estaba: sin saber para quién está trabajando, ni quién está trabajando para él.
O simplemente está abriendo espacio para ver qué candidatura puede migajear rumbo al 2027. Así como pasa con muchos panistas actualmente. Vivir de las migajas que deje Morena en municipios y distritos locales y federales.
Y ojo. Porque si JACH y Riestra terminan disputándose una candidatura, la que sea, Morena no necesitará operar contra el PAN: el PAN se operará a sí mismo.
Lo hizo en 2014, cuando JACH y Tony Gali se desangraron en la interna por la alcaldía. Lo volvió a hacer cuando llegaron las dirigencias divididas. Y podría volver a hacerlo.
Si JACH y Riestra están coordinados, el PAN podría llegar al 2027 con algo que no ha tenido en mucho tiempo: una estrategia.
Una sola, no varias compitiendo entre sí.
La diferencia entre un escenario y otro la decide algo que nadie en el PAN ha querido decir en voz alta. Quizá porque ni ellos lo saben todavía.
Mientras tanto, JACH seguirá dándose sus baños de pueblo. Y está bien, porque ya pocos poblanos recuerdan quién fue. Y los panistas que le quedan entre los cuadros que lo respetan cada vez son menos.
Así que cada puerta tocada vale, dependiendo de a qué lado mires, como acto de unidad o como declaración de guerra.
Claro, mientras no revivan viejos expedientes del pasado.
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