El miércoles, desde Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció que Esthela Damián Peralta dejará la Consejería Jurídica del Ejecutivo Federal el 30 de abril para regresar a Guerrero, su estado natal, y participar en el proceso interno de Morena rumbo a la gubernatura de 2027. Titulares y reacciones se concentraron, como suele ocurrir, en la sucesión guerrerense, en el enroque con Luisa María Alcalde y en el tablero nacional que Sheinbaum acomoda con precisión quirúrgica.
Pero hay una lectura poblana del mismo movimiento que casi nadie está haciendo, y que importa. Mucho.
Porque Esthela Damián no sólo era la consejera jurídica más influyente del gabinete federal ni la enviada de Palacio para supervisar, con vara discreta pero firme, el proceso interno de Morena en Puebla rumbo a las intermedias de 2027.
Esthela Damián Peralta, además, se sentaba con Sheinbaum a la mesa casi todos los días. Y durante la precampaña presidencial de 2024, cuando la hoy presidenta recorría el país buscando ganar la contienda interna de Morena frente a Marcelo Ebrard, Adán Augusto López, Ricardo Monreal y Gerardo Fernández Noroña, Esthela hizo algo que hoy cobra otro significado: tejió fino.
Y cuando los políticos que saben tejer fino pasan por Puebla, dejan red.
Esa red, construida con método y paciencia, tiene rostro y nombre. Es, sobre todo, una red de mujeres.
Permítanme aquí meter un mapeo apretado:
Tonantzin Fernández, alcaldesa de San Pedro Cholula. Ariadna Ayala, edil de Atlixco por el PT y reelecta. Norma Layón, ex alcaldesa de San Martín Texmelucan y hoy directora de Carreteras de Cuota Puebla, a quien el gobernador Alejandro Armenta Mier designó también como responsable de la microrregión 7. Vianey García Romero, diputada federal por el quinto distrito con sede en Texmelucan, y cuyo nombre, por cierto, suena con fuerza para asumir la dirigencia estatal de Morena en sustitución de Olga Lucía Romero Garci-Crespo. Angélica Alvarado Juárez, ex alcaldesa de Huejotzingo y actual diputada local por ese distrito en el Congreso del Estado. Karla Martínez Gallegos, alcaldesa de Teziutlán.

Y un largo etcétera que cubre, si uno mira el mapa, cuatro de las regiones más relevantes de la entidad: la zona conurbada de Cholula, el corredor poniente Texmelucan-Huejotzingo, el suroeste con Atlixco y la Sierra Nororiental vía Teziutlán.
Mención aparte debe tener Olivia Salomón. Actual titular de la Lotería Nacional quien también terminó con una cercanía real tanto con Claudia Sheinbaum como con Esthela Damián.
No es poca cosa.
Es, dicho en plata, una estructura femenina paralela a la dirigencia formal de Morena en Puebla, cultivada desde fuera del estado por una operadora de Sheinbaum, y que opera con un canal directo al núcleo presidencial.
¿Por qué importa?
Importa porque en política mexicana —y la poblana es un laboratorio clásico— las estructuras territoriales no se construyen con discursos ni con declaraciones. Se construyen con llamadas devueltas a la primera, con recomendaciones que se cumplen, con gestiones que fluyen.
Esthela Damián tenía esas cualidades. Era la persona con quien una alcaldesa podía hablar cuando necesitaba cuadrar algún trámite federal. Era el canal para que una diputada federal que venía de Texmelucan hiciera saber algo a Palacio Nacional sin pasar por los filtros de Casa Aguayo ni de la dirigencia estatal del partido. Era, para usar la frase que se atribuye a la propia Sheinbaum: “Chéquenlo con Esthela”.
Ahora esa persona muda formalmente la estrategia a Guerrero.
Y aquí es donde conviene detenerse. Porque de la ausencia de Esthela Damián en el tablero poblano se desprenden al menos tres escenarios, y cada uno apunta en dirección distinta.
El primero: que la red sobreviva y funcione por inercia. Las mujeres que Damián contactó en 2024 se conocen entre sí, han intercambiado favores, comparten lógica política y la misma identificación con Sheinbaum. No todas pertenecen al mismo grupo político en Puebla, pero sí saben lo importante de la conexión con Esthela. Podrían seguir operando como caucus informal sin necesidad de alguien que las coordine activamente. Los grupos políticos con raíz de género suelen tener esa capacidad de reagruparse cuando la capitanía se va.
El segundo: que el gobernador Armenta, con su conocida habilidad para incorporar cuadros ajenos al paraguas de su gobierno, absorba progresivamente a las integrantes de esa red.
Hay elementos que apuntan en esa dirección: Norma Layón ya ocupa una responsabilidad estatal delicada —nada menos que la microrregión 7, con su peso en Texmelucan y su entorno—, y varios ayuntamientos morenistas mantienen coordinación operativa cotidiana con el ejecutivo estatal. Sería ingenuo suponer que Palacio Nacional no registra esa dinámica. Sería también ingenuo suponer que al gobernador, que ya impulsa a Laura Artemisa García, Gabriela Sánchez y Celina Peña en su gabinete, no le conviene ampliar la foto con figuras territoriales propias.
Es más, ya trabaja en eso. Porque el fichaje de Celina Peña, lo presume, fue directamente desde el equipo de la presidenta Sheinbaum.
El tercero, y tal vez el más interesante: que Palacio Nacional nombre a un o una sustituta de Damián para mantener vivo el canal.
No sería extraño. Recordemos que la tercera circunscripción electoral tiene como coordinador político a Sergio Salomón Céspedes, el ex gobernador y hoy comisionado del INM, también operador cercano a Sheinbaum desde los tiempos en que Miguel Barbosa decidió jugársela con ella. Si la presidenta quiere conservar una voz directa sobre Puebla —y las candidaturas federales de 2027 le van a importar mucho—, es probable que Salomón Céspedes termine absorbiendo, formal o informalmente, parte de las tareas que Damián cumplía. Con un matiz: Salomón Céspedes no tiene la relación horizontal con cuadros femeninos que Esthela sí construyó.
¿Se rearma entonces la red? ¿Se fragmenta? ¿Se sube al tren del gobernador?
La respuesta, como casi siempre en política poblana, va a ser una mezcla de las tres cosas.
Habrá quienes mantengan el contacto directo con Damián —cuando uno tiene el celular de la consejera jurídica, aunque ya no sea consejera, el celular sigue funcionando—. Habrá quienes gravitén con mayor intensidad hacia Casa Aguayo porque las alcaldías viven de gestión estatal cotidiana. Y habrá otras que esperen a ver quién llega, si es que llega, a ocupar el lugar que Esthela deja vacante.
Lo que sí conviene apuntar, y con letras mayúsculas, es esto: durante al menos año y medio, Puebla tuvo una línea directa hacia Sheinbaum que no pasaba por ningún liderazgo masculino del estado.
Una línea construida por una mujer guerrerense con alcaldesas, diputadas y ex alcaldesas poblanas, en un estado donde los corredores de poder siguen siendo, mayoritariamente, pasillos masculinos.
Esa línea hoy se reconfigura. La pregunta —la pregunta buena, la que debería estarse haciendo el equipo del gobernador, la dirigencia local de Morena, los aspirantes a diputaciones federales— es quién de entre esas mujeres va a emerger como heredera natural de la red.
Porque si algo enseña la política, es que las redes no desaparecen. A veces cambian de mano pero siguen conectadas.
Y en esa conexión, muchas veces, se decide todo.
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