Ricardo y la historia de un hallazgo en Libres

Alto a la extorsión

La noticia del hallazgo sin vida de una persona reportada como desaparecida siempre es difícil de asimilar.

Siempre, por duros o rudos que nos hagamos los periodistas. Hay algo que se rompe. La esperanza se vuelve un plato frágil que choca contra el suelo y se troza en múltiples fragmentos.

No le voy a negar, algo sentí en el estómago y en el pecho después de escuchar la historia de la identificación los restos encontrados en Libres, Puebla.

No conocí a Ricardo Meneses, no conozco a su familia, pero saber que los restos de un cuerpo, un torso, fueron localizados hasta la zona limítrofe de Puebla con Tlaxcala, en Libres, y que correspondían al joven levantado en bulevard Esteban de Antuñano el 9 de julio me provocó escalofríos.

El grupo delictivo que lo levantó, se lo llevó para la zona de Covadonga, en límites de Tlaxcala. Hay una teoría que establece que, desde Panotla, Tlaxcala hasta Libres, de vuelta a Puebla, podrían estar esparcidos los restos de este joven.

Después de varios años, ya casi dos décadas, cubriendo temas de casos relacionados a delincuencia organizada, de crímenes, de historias llenas de intriga, morbo y dramatismo, uno podría dejar de sentir. Así simplemente. No sentir nada. Ni empatía, ni dolor, ni pudor, ni morbo, ni miedo.

Pero poco a poco la historia de Ricardo Meneses se volvió en un golpe directo al estómago. Por lo menos en mi caso.

Se volvió en un rompecabezas que empezó como un pleito de tránsito de madrugada que se exacerbó en un ataque irracional a balazos y después la súbita versión de su desaparición.

Con la llegada del video a la redacción de PÁGINA NEGRA donde se puede ver perfectamente que a Ricardo se lo llevó un grupo de hombres armados en una camioneta Suburban, la historia cobró un giro aún más perturbador.

La Fiscalía, el gobierno de Puebla, la Secretaría de Seguridad Pública tomaron especial atención en el caso de Ricardo. No por que valga más que el resto de los casos que ocurren en el estado, más bien porque algo saltaba al parecer.

Sin embargo, llegó el momento en que la violencia comenzó a dejar atrás a las autoridades, un punto en el que no hay regreso. En una semana, en la misma temporada del levantón a Ricardo ocurrió la ejecución de Armando Alexis N., alias “El Jaguar” en el casino Big Bola de Lomas de Angelópolis y luego el hallazgo de cadáveres en Sanctorum en Cuautlancingo y el bulevar La Pedrera, al norte de la capital, a unos pasos de la Central de Autobuses de Puebla (CAPU).

Precisamente, los hallazgos de Sanctorum y La Pedrera provocaron tal revuelo entre las autoridades. Y parece que hasta se les traspapeló el reporte del torso localizado en una funda de un asiento de un auto en Libres, en la carretera que comunica con Tlaxcala.

Este martes, la Comisión Estatal de Búsqueda de Desaparecidos en Puebla, la Guardia Nacional, la Fiscalía General del Estado, la Secretaría de Seguridad Pública Estatal en coordinación con las autoridades de Tlaxcala analizarán qué pasó con el resto de Ricardo.

La historia es una tragedia a todas luces para una familia en Puebla, pero no dista mucho de los casos que se están multiplicando vertiginosamente en el estado. En un estado donde, por lo menos hace unos años, no veíamos tal brutalidad, tal violencia, tal dramatismo… Todos los días.

Informar estos hechos se hace cada vez más difícil. Y mire que para que lo escriba yo es que, en efecto, el terror ya tocó a nuestra puerta. Aquí, en Puebla.

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