Hay una táctica tan vieja como la política misma, y en Tehuacán la están ejecutando con descaro: reescribir el pasado para confundir el presente.
A más de un año del gobierno de Alejandro Barroso, ya andan circulando narrativas con los que pretenden hacernos creer que lo de antes era mejor.
Que el cambio fue un error. Que los tehuacaneros extrañan aquellos tiempos en que desde la mesa de poker supuestamente gobernaba Pedro Tepole.
Pues no.
Y aquí están los datos para quienes se les olvidó, o para quienes simplemente apuestan por la desmemoria y minimizan a la ciudadanía creyento que no recuerda.
Entre los promotores del regreso de Tepole hablan de grandes carteleras como si hubieran sido un logro ciudadano. Omiten, con toda la intención del mundo, que la Feria y el Palenque operaban como negocio privado.
El municipio ponía el dinero y unos cuantos se llevaban las ganancias. Así de sencillo, así de cínico.
Ahora existen cambios en el modelo. El Festival Xopan Xiuhmeztli no es un dato menor ni un adorno de informe.
Además, la administración municipal actual en Tehuacánl encontró obras inconclusas, proyectos sin justificar y recursos que nadie sabe bien a bien a dónde fueron.
Aunque se ha criticado a la actual administración de Alejandro Barroso por parecer “congelada” o “inactiva” aun así, ya hay avances en el Parque Metropolitano, el albergue del Hospital de la Mujer, la rehabilitación de espacios deportivos, infraestructura hidráulica y la dignificación del Centro Histórico.
Pero el símbolo más contundente del desgobierno que hubo con Pedro Tepole en fue que presumió 400 cámaras de videovigilancia que su equipo dejó sin funcionar. ¿Para qué sirve la infraestructura si nadie la opera? Para la foto, nomás para la foto.
A eso agreguemos que menos del 10% de los policías municipales fueron dejados sin certificados y con sueldos que no alcanzaban ni para el camión. El resultado, obviamente se vivió en una herencia de violencia que nadie quería asumir porque asumir implica responsabilizarse.
Pero las cámaras por fin ya están encendidas, el sistema se duplicará con mejor tecnología y según crifras del gobierno municipal actual, la certificación policial llegó al 95%. Además, los salarios se homologaron con Puebla capital y hay coordinación con Marina y Guardia Civil.
Otro de los legados de Tepole fueron una serie de multas de PROFEPA. Más de 16 millones de pesos en sanciones por tiraderos clandestinos.
Las multas tampoco mienten: más de 16 millones de pesos en sanciones de PROFEPA por tiraderos clandestinos. Ese fue el legado ambiental de quienes hoy se presentan como salvadores. Una ciudad convertida en basurero, con la firma de quienes la gobernaron. Hay avances en limpieza y atención a focos de contaminación, pero la deuda ambiental acumulada no se salda en un año, y los tehuacaneros lo saben mejor que nadie.
Hablan de estabilidad económica. Pero de qué estabilidad económica hablan si lo que dejaron fue el OOSAPAT con más de 70 millones de pesos de deuda ante CONAGUA. Eso no es estabilidad, es una bomba de tiempo.
El rescate del organismo es una obligación, no un mérito extraordinario, y los usuarios del servicio siguen esperando resultados tangibles en su colonia, en su calle, en su llave.
Tienen además la desfachatez de presumir el Parque El Riego. El mismo que entregaron con la laguna inservible, irregularidades documentadas y procesos legales en curso. El mismo en cuya pista de tartán metieron maquinaria pesada y la destruyeron.
Que lo presuman como logro propio es, cuando menos, de un cinismo que merece aplausos de pie. Y el litigio por más de 153 millones de pesos en alumbrado público, ya resuelto, es un recordatorio de lo que cuesta a las arcas municipales la irresponsabilidad de quienes gobiernan para su círculo.
A los que ya andan repartiendo el pastel antes de meterlo al horno les conviene recordar algo: la ciudadanía no es tan olvidadiza como quisieran.
Pero tampoco es incondicional.
Tehuacán necesita que quien gobierna hoy dé resultados a la altura del desastre que recibió, sin usar ese desastre como escudo permanente. Porque en política, como en la vida, llega un momento en que las explicaciones ya no alcanzan y solo pesan los hechos.
Y en esa carrera entre la narrativa fabricada del pasado y las expectativas del presente, la realidad siempre termina por alcanzar a todos, incluyendo a los que gobiernan hoy.
Que no nos cuenten el cuento. Ninguno.
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