Teoría de juegos para dummies… Y para la precampaña de Morena en Puebla

Hay una trampa matemática que los políticos raramente leen en los libros, pero que el electorado paga en las urnas.

Y en Puebla, con la alcaldía en el horizonte, esa trampa ya empieza a dibujarse.

Se llama la paradoja de Condorcet. Suena a cosa de filósofo francés con peluca, y en efecto lo es — el marqués Nicolás de Conndorcet la describió en 1785 — pero su lógica aplica perfecto al drama que ya se cocina en el patio trasero de Morena en Puebla. 

Ya hay varios candidatos del mismo partido político interesados en ser el próximo coordinador o coordinadora del voto en Puebla capital rumbo a las elecciones de 2027.

Y entre tantos que se pelean por la coordinación y eventual candidatura a la Capital, puede ganar el que menos se lo merece.

Y no hablo precisamente desde ellos, los candidatos de Morena.

Hablo de los candidatos de la oposición. Los de allá enfrente que lucen enclenques y escuálidos. Todavía.

Vamos a ponernos densos y les explico qué decía Condorcet.

Así de sencillo: imagina que tres grupos de votantes tienen preferencias distintas entre tres candidatos. Cada quien prefiere al suyo. Al momento de votar, el resultado es un círculo vicioso — A le gana a B, B le gana a C, pero C le gana a A. El sistema no puede decidir. No porque los votantes estén confundidos, sino porque el mecanismo truena cuando hay demasiadas opciones similares encima de la mesa.

¿Y qué tiene que ver eso con Morena en Puebla? Sobre todo, en lo interno y en la pre pre pre campaña.

Si el partido llega a la elección municipal con dos o tres perfiles disputándose el mismo electorado de base, los votos no se suman.

Se parten.

Y mientras más candidatos morenistas aparecen, la oposición mantendría su capacidad de peligrosidad. Que, de llegar unida, como ha ocurrido en otros escenarios, podría conseguir hasta un 30 por ciento de votos, con los cuales puede quedarse con la alcaldía sin haber crecido un solo punto en las encuestas.  

Así, sin hacer nada extraordinario.

Solo esperando que el otro se tropiece solo.

Eso, en teoría de juegos, se llama Dilema del Prisionero. Dos personas en celdas separadas que, si cooperan, las dos salen ganando. O, de lo contrario, como ninguna confía en la otra, cada quien hace lo que más le conviene individualmente — y las dos terminan perdiendo.

Cambiemos la palabra “celdas” por “precandidaturas” y tienes el retrato exacto de lo que puede pasar en Morena antes de que arranque la campaña formal.

El problema no es que haya ambición.

La ambición en política es gasolina.

El problema es que, sin acuerdo, esa gasolina se derrama en el piso en lugar de mover el motor de Morena.

Cada precandidato razona igual: si me retiro sin garantías, pierdo todo.

Si me quedo, al menos tengo oportunidad.

Esa lógica, repetida por cada uno de los aspirantes, produce el peor escenario posible para todos. La pulverización de las oportunidades.

Condorcet no era morenista ni priista ni panista. Era matemático.  

En Puebla, como en cualquier plaza que Morena quiera defender, la matemática no tiene ideología. Y tampoco tiene compasión

Ayer pasó con la presuposición de muchos tras el evento de Celina Peña Guzmán, la subsecretaria federal de Desarrollo Tecnológico, Vinculación e Innovación del gobierno de la República, a la que le nació una cargada instantánea.

A los ojos de los sesudos analistas de la política local Celina Peña tuvo la señal, el acarreo, la bufalada, por un evento en el Centro de Convenciones, en donde ella misma fue quien le alzó la mano a la dirigente de Morena en Puebla, Olga Lucía Garci-Crespo. 

Cada quien le dio su interpretación.

Hubo quien usó el evento para ya candidatearla a la alcaldía de Puebla.

Hubo quien utilizó el metamensaje para golpetear en redes a otras mujeres de la contienda temprana, como Olivia Salomón Vibaldo o Laura Artmisa García Chávez.

A la propia Celina Peña le nacieron agoreros en un gremio que no le es desconocido, el periodismo. Leí incluso columnas de algunos periodistas que la minimizaron en el gremio o hablaron mal a sus espaldas. Y ayer, casualmente, la montaron en un escenario que fue poco preciso cuando ella misma dijo que seguía respetuosa de su encargo en la Federación.

Generar un precandidato o precandidata más, lo dice la Teoría de Juegos, simplemente pulverizará más el poder y la intención de Morena en Puebla Capital y aburrirá aún más al electorado, que no necesariamente aprueba al 100 las gestiones de Morena.

Las matemáticas, las odiamos, pero son frías y lógicas.

Y son ciencia. Algo de lo que, por cierto, si sabe Celina Peña.

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Es egresado de la carrera de Ciencias de la Comunicación por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP) y cursó la maestría en Periodismo Político en la Escuela de Periodismo Carlos...