¿Para quién fue perjudicial la Elección Judicial?
–¿Notaron que me salió un verso sin esfuerzo? –
Para la presidenta Claudia Sheinbaum definitivamente no. Digo, si usted no es afín a Morena y quizá quiera que todo le vaya mal a la presidenta pues quizá vio el negrito en el arroz del día de ayer.
Vio nada más el árbol y no el bosque.
Sí, hubo una participación del 12% del electorado en el país. Eso es un hecho. Es baja la participación, por supuesto. Había desconocimiento de los candidatos y sobre todo de las funciones que ejercen en el cargo por el que competían. ¡Desde luego!
Así que ahí le van las diez cosas que aprendimos de la elección judicial del 1 de junio del 2025:
Primero que la elección se aprobó en una aplastante mayoría que mantiene Morena en el Congreso de la Unión y eso no va a cambiar quizá hasta 2027.
Segundo, la apurada aprobación de dicha Reforma Judicial provocó los tiempos, plazos y las condiciones más apuradas y en contra para que el Instituto Nacional Electoral tuviera que convocar a las elecciones de ayer 1 de junio.
Tercero, el INE se enfrentó a la escasez de recursos y al diseño del proceso y las boletas con una máxima complejidad en función de la multiplicidad de candidatos, su género y puestos que se votarían.
Cuarto punto. A su vez, los candidatos aspiraron a una selección previa poco sencilla y transparente además de que terminaron enfrentándose con campañas sin financiamiento. Vaya no había ni espacio aprobado para medios públicos o privados ni tampoco se les permitió la generación de eventos masivos con dinero que usualmente, en el caso de una elección política, saldría de las prerrogativas de un partido político o del financiamiento del INE, por ejemplo.
Quinto. Es real que, a pesar de todo lo que había en contra de la Elección Judicial hubo participación, abstencionismo incluido. Generó además un primer gran parámetro para definir cómo se perfeccionará para la elección judicial del 2027 en la que se definirán ahora los espacios del Poder Judicial en cada uno de los estados.
Sexto. La elección tal cual ha sido el proceso más criticado en la historia del país. E incluso fuera de él. Medios internacionales, sobre todo los estadounidenses y franceses han puesto ojos en el ejercicio y lo han criticado con todo. Pero pues de eso se trata una democracia. ¿O no? Aplicar métodos, generar evidencias y permitir que de las críticas nazca la perfectibilidad del proceso electoral judicial.
Séptimo. En el caso de Puebla, si las cosas no cambian sustancialmente la mañana de este lunes 2 de junio, la participación alcanzará un 9% a 10% del electorado. El porcentaje tampoco es tan negativo para los menesteres locales. Estamos hablando de que, en muchos municipios, muchos, se vio un arranque copioso de la elección. Y las elecciones al final se vieron afectadas por la fuerte lluvia vespertina que alcanzó al estado. Ojo, se tuvo una elección poco anunciada, candidatos poco promocionados y un método totalmente complicado. Si de por sí cuando al ciudadano le pones tres opciones para votar, no va a la urna. Imagínense ahora que tenía que votar por cargos que ni siquiera sabe qué hacen como los Tribunales de Disciplina. Al ciudadano promedio nomás no le cuadra ni termina de entender qué hace por él la Suprema Corte ni los circuitos federales del Poder Judicial. Cualquier porcentaje será un logro, porque encima de todo, no tenemos un parámetro inmediato para medir por lo sui géneris de la elección.
Un octavo punto es algo que se ha anotado en varios espacios, incluso desde el Consejo Electoral en Puebla donde se habló claro y fuerte de la urgencia de una revisión detallada, minuciosa y profunda comenzando por la legislación que nos llevó a estas primeras elecciones. ¿Para qué? Precisamente para revisar cómo es que se simplificaría una boleta más compacta y entendible, por ejemplo.
Por lo pronto, vamos a decir que ese es el punto número nueve, a la presidenta Claudia Sheinbaum, se le vio muy sonriente en el mensaje al cierre de la jornada. ¿Qué ganó ella? Pues un primer proceso electoral en su mandato que fue tranquilo, sin incidentes mayores de gobernabilidad y cumplió con los números de la expectativa para sus cuentas. Y si algo no le salió bien, tiene precisamente tiempo para que se propongan los cambios necesarios a la ley, ahora sí, a su manera. Y podrá modificar la herencia maldita de Andrés Manuel López Obrador quien le dejó un monstruo en términos de manejo político.
Como punto diez podemos mencionar que, en lo político, en las elecciones estatales la presidenta tampoco tuvo un corte de caja negativo. Por lo menos en sus intereses.
En Durango el gran perdedor no fue Morena, fue Andy López Beltrán. Principal temor de Sheinbaum al interior del grupo político. El caso Durango, de no recomponerse los números, será la primera derrota de Andy López Beltrán como abierto operador electoral. Y en el caso de Veracruz, salió positiva la estrategia a Morena y a Rocío Nahle, que, muy similar a lo que ocurre con la presidenta Sheinbaum en lo nacional, la gobernadora no está necesariamente al cien por ciento en sintonía con sus correligionarios de Morena. Nahle ganó con los guindas y ganó con los naranjas. Primera fuerza es el partido al que pertenece y segunda fuerza en municipios para el instituto político al que le operó debajo del agua.
En general –y ya con esto me despido–, la elección sí fue desangelada, aletargada, de trámite y aburrida, sí midió patrones y esquemas que ayudarán a medir el agua a los camotes rumbo al 2027; pero, sobre todo, provocó un primer cambio al dogma el Poder Judicial federal, inamovible por más de un siglo.
Ahora toca perfeccionar al Frankenstein que le heredó AMLO a Sheinbaum. Con evidencia en mano de lo que sirvió y lo que no. Porque para generar un método virtuoso, previamente hay que equivocarse.
Y el perfeccionar la próxima elección judicial ya está totalmente en la cancha de Claudia Sheinbaum.
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