Blanca Alcalá, ¿empanizada?

La candidatura del PAN a la alcaldía de Puebla se volvió “la manzana de la discordia”.

Bueno, como estamos hablando de PAN diremos que es el bolillo de la discordia.

Todos lo quieren morder.

Pocos pueden.

Aliados y adversarios, militancia vieja y arribistas de última hora, todos voltean hacia el mismo lugar: ¿quién se queda con la candidatura?

El dilema no es de la militancia.

El dilema es de Mario Riestra.

Porque una cosa son las ganas y otra muy distinta las encuestas.

Y las que mandó a levantar el propio partido —no las de la oposición, no las del rumor de café— dicen lo que a algunos no les gusta, sin matices.

Y aunque a muchos no les guste, Eduardo Rivera encabeza el conocimiento, entre 80 y 90 por ciento. Sin hablar de negativos.

Cuando el PAN mide en las internas la gente menciona a Eduardo Rivera, así sin hacer campaña.

En segundo lugar, y aquí viene lo preocupante para los panistas de hueso colorado, es Blanca Alcalá.

La expriista sigue a Lalo Rivera con 72 de conocimiento. Igual así, sin un solo movimiento, es más sin militancia del PAN, sin arraigo en el partido y con todos los vetos de quienes no la quieren en Acción Nacional.

Tercera en la lista es Ana Teresa Aranda, quien le pisa los talones con 71.5, empate técnico por medio punto.

Después, ya con más distancia, Jorge Aguilar Chedraui con 51.

Y luego Genoveva Huerta, que en el primer semestre del año creció como la espuma hasta el 43 por ciento, rebasando a Susana Riestra, estancada en 33-34 por el peso de dos diputaciones y un apellido.

Ojo con el crecimiento de Genoveva Huerta, avanza rápido y podrían darle los números.

De ahí para abajo, ya saben. Los que no tienen posibilidades, pero pues pelearán para agarrar alguna candidatura federal, alguna pluri. Lo que caiga pues. La pepena pura.

Cifras frías.

Pero la política nunca es solo aritmética.

Eduardo Rivera tiene el mejor número y la puerta más cerrada.

En la dirigencia actual no lo pueden ver ni en pintura.

Está descartado, así de simple.

Mario Riestra no va a cometer el error de devolverle el Ayuntamiento al hombre que después podría tumbarle la dirigencia.

Ana Teresa Aranda corre con la misma suerte: alto conocimiento, puerta cerrada.

A la doña, sencillamente, no la van a dejar pasar.

Jorge Aguilar tiene un 51 por ciento que no es para despreciarse, pero le faltan 20 puntos en tres o cuatro meses para alcanzar a las punteras.

¿Se puede? En política todo se puede. ¿Es probable? No mucho.

Y luego está Genoveva Huerta, que se mueve con todo: trabaja, recorre, suma. Pero todavía le faltan casi 30 puntos porcentuales para pelear con las de arriba, y en el camino ha tropezado con algo más terco que las encuestas: el desprecio de su propia casa.

En el Comité Municipal, mientras Manolo Herrera habla mal de ella a la menor provocación, le organizaron a cierta diputada un desayuno con mil invitadas por el Día de las Madres —con empleados del PAN municipal de meseros incluidos— y a Genoveva, de consolación, un café político en un saloncito, solo para el personal del comité y los juveniles que siempre van de relleno.

¿Se nota la diferencia? Se nota.

Dicen las malas lenguas que entre Geno y Jorge Aguilar Chedraui hay más que coincidencias: un acuerdo de fortalecimiento mutuo.

La apuesta sería quedarse con la candidatura para controlar el operativo de campaña, y ya con esa base construida, ir por la dirigencia estatal en la segunda mitad de 2027.

Plan ambicioso. Aritmética todavía insuficiente.

Entonces, descartados Rivera y Aranda por veto de la dirigencia, y con Aguilar y Huerta corriendo cuesta arriba contra el calendario, ¿quién queda?

Así es… Blanca Alcalá.

En el papel ya solo necesita una cosa: empanizarse. Asumirse como panista, dejar de ser simpatizante y volverse militante.

Dejar de ser la conocida y empezar a ser la cercana.

Y parece que esa tarea ya empezó.  

El 7 de julio, en las oficinas del Comité Directivo Estatal del PAN, habrá una plática sobre Liderazgo y Democracia.  

La ponente: Blanca Alcalá Ruiz. 

Y mientras los demás corren para alcanzarla, ella simplemente espera a que le sirvan el café porque pareciera que el PAN ya lo tiene.

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