Dario Mendoza

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Darío Mendoza

¿Sigue Brasil? Un hemisferio que cambia de vientos 

El mapa político de América Latina se transforma a una velocidad vertiginosa. El llamado “Socialismo del Siglo XXI”, que alguna vez pareció una marea imbatible en la región, hoy retrocede ante una pinza de dos fuerzas: la geoestrategia de Donald Trump desde Washington y la irrupción de liderazgos libertarios y conservadores con fuerte arraigo popular, como Javier Milei en Argentina, Nayib Bukele en El Salvador o Abelardo de la Espriella en Colombia. En este nuevo ecosistema, la pregunta que resuena en las cancillerías de la región es inevitable: ¿es Brasil la siguiente ficha en caer? 

Las alarmas ya se encendieron en el Palacio de Planalto. Las encuestas más recientes en el gigante sudamericano muestran un escenario competido: aunque Luiz Inácio Lula da Silva mantiene una ventaja clara de cara a la primera vuelta, la oposición, articulada en torno a la figura de Bolsonaro Jr., avanza con fuerza en los simulacros de una segunda ronda hasta forzar un empate técnico. 

Esta trayectoria no es nueva; ya ha ocurrido en fenómenos demoscópicos observados en elecciones como las de Honduras y Colombia. En esos procesos, cuando la izquierda oficialista parecía inalcanzable, bastó el respaldo abierto y explícito de Donald Trump en las semanas cruciales previas a la votación para catapultar a los candidatos opositores desde atrás hasta asegurar el triunfo. 

Sin embargo, el factor Trump no viaja solo. En la geopolítica hemisférica suele aparecer otra táctica: filtraciones e investigaciones de alto impacto sincronizadas con las vísperas electorales. Lo vimos en Honduras con los videos comprometedores del cuñado de la presidenta Xiomara Castro, y en Colombia con los registros de supuestos pactos con personajes del narcotráfico. Sería ingenuo pensar que, ante la aduana brasileña, no se estén diseñando filtraciones similares desde los escritorios de alguna agencia de seguridad en Estados Unidos. 

El desenlace de esta batalla por Brasil tiene un perdedor directo y vulnerable: México

Si Brasil da el giro a la derecha y el bolsonarismo araña la victoria, el gobierno mexicano se quedará dramáticamente solo en el continente. Incluso en el escenario de que Donald Trump disminuya su influencia tras los procesos internos de Estados Unidos, el partido oficialista Morena vería desaparecer a sus aliados estratégicos en la zona, quedando aislado en una nueva era geopolítica. 

Pero Lula no es Petro ni Sheinbaum. Al notar que el viento cambia, puede adoptar posturas menos radicales, como ya lo hizo cuando evitó reconocer el supuesto triunfo de Nicolás Maduro en Venezuela. 

En la política pragmática, cuando el viento cambia de rumbo, insistir en mantener las velas ideológicas inmóviles suele llevar al desastre. Si la debacle ocurre, no sorprendería que el dogmatismo tabasqueño termine culpando a la presidenta Claudia Sheinbaum de su propia hecatombe. 

El espacio para la ultraizquierda en América Latina se está evaporando. Para un político pragmático, siempre resonará la máxima de Joseph Fouché, genio de la supervivencia política francesa: “Si el régimen cambia, tú cambias antes que el régimen”. Pero para el militante duro, el ideólogo ciego que prefiere ignorar las encuestas y la geopolítica, la regla parece ser otra: si la idea no se adapta a la realidad, peor para la realidad. Y ya sabemos cómo les va a los políticos, pero también a los seres humanos que ignoran esa realidad dura y terca que suele sepultar sueños guajiros o académicos.

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Darío Mendoza Atriano es consultor en comunicación política y manejo de crisis. Asesora a líderes políticos y del sector privado, en México y Centro América.