16 de Junio del 2024

Odio al espejo: Trastorno dismórfico corporal

Por Betzabé Vancini / /
Tú, yo y el Ello...

Tener problemas de autoestima derivados de nuestra apariencia no es nuevo, sin embargo, cada día hay personas que, a más temprana edad, experimentan esta sensación de odio a la imagen que les devuelve el espejo y que se concentran de manera obsesiva en “sus defectos” o lo que ellos ven de esa manera.

Cada día personas más jóvenes inician procedimientos estéticos, dietas extremas, suplementación o bien, padecen algún trastorno de alimentación porque su cuerpo no se ve como ellas quisieran. Se ven en el espejo con obesidad, con facciones desproporcionadas, con brazos o piernas deformes, y se sienten aterrados de que así los perciban los demás, pese a que su familia y amigos les dicen que la imagen que tienen de sí mismos, no es verdad. Esto es un trastorno de la percepción que se llama Trastorno dismórfico corporal y que va rápidamente en aumento.

El trastorno dismórfico corporal, es un padecimiento donde la percepción del propio cuerpo se ve sesgada por ideas obsesivas de imperfección, asimetría, desproporción o deformidad, en la que una persona, al mirarse en el espejo o en una fotografía, percibe a su cuerpo de manera disarmónica, amorfa o incluso monstruosa. Esta percepción es muy dolorosa para quien la padece, por lo que frecuentemente, estas personas se rechazan de manera verbal diciendo cosas cómo: “¡Mírame, soy horrible! Ve lo enorme de mi nariz.” Es frecuente también, que la persona se obsesione tanto con estas supuestas imperfecciones, que comience a hacer modificaciones corporales o a tomar medidas extremas para “contrarrestar” o “solucionar” lo que está mal en su cuerpo. Dietas extremas, pastillas, cirugías plásticas, laxantes, fajas, liposucciones, rellenos faciales o corporales, suplementos, termogénicos, jornadas largas y extenuantes de ejercicio, entre muchas otras cosas, son algunas de las medidas que toman estas personas para sentirse mejor consigo mismas. Una industria que ha ido sin duda en aumento los últimos años y que supone ingresos millonarios para quienes venden y distribuyen este tipo de productos o proporcionan servicios de cosmetología.

¿Por qué va en aumento?

Si bien, desde hace cientos de años, los seres humanos hemos querido modificar nuestra apariencia, la demanda de estas modificaciones corporales va en franco aumento debido a la normalización del autorechazo corporal y de la facilidad con la que, casi cualquiera, puede acceder a estos servicios cosméticos o comprar productos en línea. Esta normalización se da en gran medida por el bombardeo mediático de celebridades que siempre se están haciendo algo y que dan a adolescentes y adultos la idea de que es “normal” o “irrelevante” modificar la apariencia física de manera drástica. Estas celebridades son las que se encuentran más cercanas a un público joven y que tienen mayor influencia en ellos: Las Kardashian, las Jenner, Millie Bobbie Brown, Britney, Camila Cabello y todas esas otras estrellas adolescentes que parecen venir del mismo paquete.

Ahora bien, la existencia de las redes sociales también ha incrementado la presión sobre la apariencia de las personas y ha fomentado la constante exigencia de tomarse la selfie perfecta o tener la foto ideal en redes como Instagram. La veneración a las facciones angulares o a la aparición de los huesos de la clavícula, la veneración absurda al abdomen marcado, ha propiciado que muchas personas -en su mayoría mujeres- pierdan peso de manera considerable para que su cuerpo se vea estilizado y su cara afilada. Esto sin contar las personas que sí tienen un nivel económico adecuado para poder practicarse una cirugía plástica. Otro de los negocios exitosos a partir de que las personas padezcan este trastorno es la venta de productos “milagro” para bajar de peso, tonificar, o “rejuvenecer.”

En muchas ocasiones, este trastorno se disimula detrás de la idea de “mejorar” la apariencia física o incluso, detrás del discurso de que la persona lo hace por autoestima o porque quiere sentirse mejor a partir de eliminar o disminuir “sus defectos.”

¿Cómo se trata?

El trastorno dismórfico corporal debe ser diagnosticado por un especialista en salud mental y usualmente, se trata en terapia. Cuando el trastorno es muy grave o va acompañado de depresión, ansiedad, o han comenzado a presentarse conductas autolesivas o trastornos de la conducta alimentaria, entonces es adecuado acompañar la psicoterapia con tratamiento psiquiátrico y farmacológico que ayude a la persona a ajustar su percepción, evitar conductas autolesivas y mejorar su autoestima.

Es importante hacer consciencia de que este es un padecimiento peligroso, que lastima profundamente la autoestima de la persona que lo padece y que, si no se trata, puede traer consecuencias graves a largo plazo. Si tú o algún familiar se identifican con los síntomas de un trastorno dismórfico corporal, es importante buscar ayuda psicológica lo antes posible. No es normal sentir todo el tiempo que tenemos que cumplir con un estándar de belleza.

Como siempre, estaré atenta a todas tus preguntas y comentarios vía Twitter. Me encuentras como @betzalcoatl

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