25 de Junio del 2022

El Cróquis, la leona y el feminicidio de Laura Patricia

Por Edmundo Velázquez / /

Cuenta hasta diez

Pasó algo curioso el lunes 1 de marzo.

Varios medios de comunicación dieron cuenta de un grueso golpe a la delincuencia.

Y relataron que prácticamente, el principal operador de la delincuencia organizada en Puebla fue asegurado.

Se trató de Marco Antonio N., mejor conocido por contar con montones de alias: “El Bombón” o “El Negro” o “El Buda” o “La Chiva” o “El Marino”.

Lo curioso es que inicialmente, meses atrás, en tiempos de Guillermo Pacheco Pulido como gobernador interino en Puebla, y de Manuel Alonso como secretario de Seguridad Pública, fue detenido José Christian N., alias “El Grillo”.

Y todos los boletines desde la Fiscalía, la información desde Gobernación y los datos filtrados desde SSP lo señalaban como el capo de todos los capos.

Unos meses atrás había caído Julio N., alias “El Julio Mix”, quien también fue presentado como “el principal operador de la violencia” de la zona de El Alto, La Acocota y La Luz.

Vaya, una fuerte mancuerna había caído.

Y en ese entonces la noticia se dio como dos detenciones de gran impacto.

Ahora, según datos (como nombres y apellidos) que fueron proporcionados a unos cuantos medios, señalaron que el verdadero mero mero, el verdadero y único generador de la violencia y del sembradío de cadáveres era entonces “El Negro”.

Y ojo, no confundir –como le pasó a algunos medios– con Omar Jonathan N., quien también era conocido como “El Negro”, y quien controlaba la zona de Clavijero y está relacionado con la muerte de un policía estatal. Y digo aguas porque no son el mismo personaje.

La intención con vender, mediáticamente, a Marco Antonio N. como un Kingpin, el gran supervillano de Spiderman, con miles de ramificaciones entre toda el hampa local, coincide con dos hechos.

La semana en que se confirmó a Gilberto Higuera Bernal como titular de la Fiscalía General del Estado.

Y la deslucida llegada de Raciel López Salazar en la Secretaría de Seguridad Pública Estatal en el reemplazo de (un muy débil) Ildefonso Amézaga Ramírez, quien fue defenestrado de titular de la dependencia a la simple dirección de la Policía Auxiliar.

A pesar de las turbulencias en la SSP y la chamba a marchas forzadas en Fiscalía, el vender a un super villano que Puebla necesita en prisión suena bien.

Suena excelente, de hecho. Y en los hechos parece una carambola de varias bandas.

Es más, se agradece y se aplaude su detención en una Puebla que cuenta cadáveres todos los días.

Pero las filtraciones a varios medios, solamente evidenció esa desesperación.

Y los listados de delincuentes involucrados subrayan que aún existe mucha chamba por hacer.

Hay una larga, laaaarguísima lista de capos que siguen libres.

Y hasta donde tenían registradas las áreas de Inteligencia de tres administraciones previas en la Secretaría de Seguridad Pública, estos líderes tienen casi todos el mismo nivel.

Uno de los casos enlistados en columnas y filtraciones que considero más preocupante es el de Abraham H. C. alias “El Croquis”.

“El Croquis” no solamente es un fuerte operador del narcomenudeo en Puebla.

No solo es un vil empleado de “El Negro”, como lo dibujaron por ahí.

Además de sus ligas y conexiones con el hampa, es el presunto responsable de un feminicidio y a quien se le decomisó una leona en el domicilio de uno de sus familiares.

El 3 de febrero fue encontrada Laura Patricia, de 27 años, quien fue asesinada a golpes.

Su cadáver fue abandonado frente a la casa de su padre, en la colonia Las Huertas de la junta auxiliar de San Pablo Xochimehuacan.

Ver: Feminicidio 11: A Laura Patricia la mataron a golpes y dejaron su cuerpo frente a la casa de su papá

 “El Croquis” era pareja de Laura Patricia.

¿Quién creen que pudo tener el corazón de no tirar el cuerpo en una barranca y mejor la dejó en su casa, para que pudieran darle cristiana sepultura?

Así que, en este capo de muchos capos que existen en Puebla, se resumen dos de los peores males.

La violencia feminicida combinada con la violencia del narcomenudeo.

Y este hombre es una de tantas madejas que las autoridades estatales tienen que comenzar a jalar.

Cantar con que el peso pesado ya cayó no es suficiente.

¿Qué va a pasar con el resto?

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