19 de Febrero del 2020

El (muy) extraño retorno de Juan Carlos Lastiri

Por Edmundo Velázquez / /

 

CUENTA HASTA DIEZ

Llámenme malpensado, digan que soy de lo peor.

Miéntenme la madre, si quieren.

Pero la versión del secuestro de Juan Carlos Lastiri no me tiene tan convencido.

En el tiempo que llevo cubriendo temas de seguridad pública y justicia en Puebla jamás me había topado con un secuestro tan, pero tan sui géneris.

Vamos por partes, dijera el carnicero.

Establezcamos el contexto.

La supuesta víctima es un priista, involucrado en “La Estafa Maestra”, la más fuerte y sólida investigación sobre triangulación de fondos en la historia reciente del país.

Es uno de los hombres más cercanos a Rosario Robles Berlanga, la ex secretaria de Desarrollo Rural en tiempos del presidente Enrique Peña Nieto.

Por decir poco se le ha ligado a una serie de irregularidades por las cuales ya se encontraba investigado, e incluso hay procesos abiertos.

Así que al momento de su desaparición era obvio que se pensara que pudiera estar detenido.

La versión del secuestro también era coherente si hablamos de la cantidad de grupos de delincuencia organizada que operan en la Sierra Norte y zonas colindantes con Hidalgo y Veracruz, con muchas vías de acceso a Zacatlán.

En Zacatlán, Lastiri hacía su vida de manera regular a pesar de la investigación que llevó a la desgracia a su ex jefa. Es más, el fin de semana de la celebración de Día de Muertos abriría sus puertas a la operación “La Tirolesa más larga de Latinoamérica”, una atracción en la que supuestamente habían invertido “sus amigos empresarios de Monterrey”, según contaba el propio Lastiri.

Así que como no temía persecución alguna en su contra, Lastiri salió a correr con amigos suyos y familiares.

Algunos de sus conocidos llegaron desde una semana antes para la apertura de la atracción que ya presumía.

Al momento del levantón, los hombres armados usaban rifles de tipo oficial.

Si era un grupo armado, ¿por qué utilizaban armas de uso exclusivo de la Federación? No cargaban cuernos de chivo ni ningún arma larga no autorizada.

Fuera del asalto de los teléfonos celulares a los acompañantes de Lastiri, los sujetos que se llevaron al ex funcionario actuaron como en cualquier detención. Es un hecho que jamás informan a los detenidos hasta que los presentan formalmente a las autoridades.

La forma errante en que se condujo la familia de Lastiri también provocó que se arquearan las cejas de más de dos.

Primero buscaron a abogados ligados a personajes cercanos a él, cuando era funcionario estatal, antes de que su vida rodara de la mano de Rosario Robles.

Por ejemplo, a Mario Marín y sus representantes legales. Quién sabe qué se hicieron que el ex gobernador, quien también es prófugo de la justicia por su propio proceso por tortura a la periodista Lydia Cacho, lo bloqueó.

Inmediatamente se volvió sólida la versión de la detención cuando el gobernador Luis Miguel Barbosa la confirmó.

Porque un gobernador que no sabe nada, no es gobernador.

¿O me van a decir que el mandatario no sabe exactamente qué ocurrió?

Esto provocó que la familia buscara objetar la versión de la detención.

Animal Político confirmó por las vías oficiales que no habría versión oficial y Televisa Puebla lo replicó. Además, aportó la voz de Jaqueline Yamal, la esposa de Juan Carlos Lastiri.

Jaqueline Yamal aseguró que desconocía el paradero de su marido y que temía lo peor, o sea que un grupo armado lo hubiera secuestrado.

Y esto es muy importante. La primera indicación de las autoridades en un caso de secuestro es que, por prudencia y por temor a que puedan asesinar a la víctima, jamás el hecho trascienda en medios de comunicación ni que la familia declare al respecto.

Está prohibidísimo.

Y aún más prohibido el que los medios de comunicación detallen más, que presione a los secuestradores a tal grado que corra riesgo la vida de la víctima.

Claro, ¿o a quién trataba de presionar la familia por noticias? ¿Al gobierno federal?

Y aquí viene otro detalle: FISDAI no recibió denuncia alguna.

El área de la Fiscalía de Puebla, acertadísima en muchos casos de secuestro y con negociadores expertos en el tema, jamás fue llamada por los familiares de Lastiri.

Supuestamente se solicitó un rescate de 25 millones de pesos.

Una cifra que hasta para Juan Carlos Lastiri es muy poca.

Imagínense si la Federación no pagaría el doble por él que tiene tanta información privilegiada sobre Rosario Robles y Enrique Peña Nieto.

Si había monto de rescate y los supuestos plagiarios habían solicitado esa cifra, ¿la familia negoció sin ayuda de un mediador experto o de un funcionario federal o estatal?

Y lograron su liberación, ¡sano y salvo!

Conozco a víctimas de secuestro. Las secuelas duran años. Si no es que décadas.

Siempre hay estragos en la mente de la víctima y su calma jamás regresa.

Juan Carlos Lastiri no solamente regresó con su familia.

¡Hasta lo tuiteó!

Pregúntele a cualquier víctima de secuestro si se le antojaría subir algo a sus redes sociales después de un secuestro. Jamás lo harían.

Lastiri no solamente estuvo horas desaparecido por un grupo armado, su familia lo buscó por todos lados, acudió a los medios y no denunció, enfrentó una negociación con monto económico y todo sin ayuda de profesionales, lo regresaron sano y salvo. Y todavía la víctima tuiteó.

Y no sólo eso. Se la ha pasado agradeciendo la preocupación de todos en sus redes sociales.

Eso no pasa en un secuestro de verdad.

Perdón por pecar de incrédulo y quizá de insensible.

Pero en un país donde se liberan a personajes como Ovidio Guzmán, pues claro que van a liberar a un Lastiri que cuenta con información privilegiada de los acérrimos enemigos del actual régimen.

¿O a qué se debió el muy extraño retorno de Juan Carlos Lastiri?

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