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Uno de los principales dolores de cabeza de los alcaldes que han gobernado la ciudad de Puebla ha sido: el Sindicato de Trabajadores encabezado por el rebelde e inflexible Israel Pacheco Velázquez, quien firmó su sentencia de muerte cuando determinó apoyar la campaña del priista Enrique Agüera Ibáñez.
En cuestión de horas el Señorío de Israel Pacheco se desvaneció. Bastó una reforma a la Ley de los Trabajadores al Servicio del Ayuntamiento para minar el poder de Pacheco Velázquez sobre unos 3 mil trabajadores de base.
Las modificaciones fueron, hasta eso, sencillas pero mortales: que un trabajador pueda renunciar al Sindicato sin perder sus derechos ni su plaza y la creación de nuevos sindicatos a partir de grupos de 20 personas.
El Congreso de Puebla se prestó una vez más para la venganza personal del gobernador, quien sabiéndose traicionado por Israel Pacheco en la campaña electoral pasada, terminó por cambiar la ley a su favor y en contra, por supuesto, de sus detractores y de aquellos a quienes considera, enemigos.
La sentencia de muerte de Israel Pacheco inició cuando prometió apoyar a Tony Gali y a medio camino optó por Enrique Agüera. Hoy deberá pagar por sus decisiones, aunque en la venganza el Congreso haya quedado una vez más como un vil empleado del mandatario.