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¿A qué o a quién le teme el gobernador Rafael Moreno Valle Rosas? ¿Por qué usa la fuerza pública para atacar manifestantes y para defenderse de ellos, en vez de usarla para cuidar a los ciudadanos?
Decían que cuando un animal ataca es por pánico. Lo que hay detrás de un acto de violencia —más allá de la ira misma— es el miedo. Miedo a ser atacado.
Lo que demostró el gobernador de Puebla al crear una ley bala es pavor. Tiene miedo de que se le descomponga su estado ideal. Tiene miedo a ser evidenciado por su falta de talento para dialogar y persuadir. Tiene miedo a quedar en ridículo.
Por eso, antes de quedar en evidencia, prefiere atacar.
Le tiene pánico a los periodistas por eso los intenta humillar. Le tiene pavor a los manifestantes porque para él son la chusma. Se encierra a cal y canto en su torre de marfil y para él es mejor aventar a los perros antes que sentarse a dialogar con ellos.
El miedo, por supuesto, ya se extiende a todo su gabinete. Veamos: ¿Por qué el secretario de Gobernación salió a leer un comunicado en el que denuncia a los manifestantes y no permite preguntas?
¿Por miedo a que se salga de control? ¿Por miedo a que se note que unas horas antes estaba tomando tequila y cantando El Triste con un trío que mandó a pedir al Garibaldi poblano?
Ahora Luis Maldonado es el chiste de todos en Twitter. Un secretario rebasado por la burla social al que ya acusan de alcohólico y de medir las piedras por su alto calibre.
En toda esta crisis social y de credibilidad, Rafael Moreno Valle se ha entercado tanto que se ha arriesgado demasiado. Sus argumentos y los de sus defensores son ridículos: “Es que los pobladores usaron niños como escudos”. Suponiendo que así sea, ¿por qué la policía estatal -comandada por Facundo Rosas- disparó contra los menores si es que vieron que estaban usando a los niños como defensa?
¿Quién es más imbécil?, ¿los que lo usan de escudo a los menores o los que disparan contra ellos?
Es tan absurdo como cuando decíamos en la primaria “es que le dio un ojazo a mi puño” o la otra frase “yo no te pisé, justamente pusiste tu pie abajo del mío”.
Es tan tonto pensar que si hay menores se use la fuerza y se dispare.
¿Quién es más tonto el que lleva a los niños o el que dispara contra ellos? ¿Quién es más criminal?
Ahora el gobernador ha pedido que la Procuraduría General de la República atraiga su caso en espera que el presidente de la República —con quien se da unas encerronas de 46 minutos en las campers— le arregle su problemón.
Es lo mismo que hizo Mario Marín cuando el caso Lydia Cacho, él pidió que la Suprema Corte de Justicia de la Nación investigara el caso.
La misma actitud de Marín cuando usó sus medios afines para salir a defenderlo. La misma actitud de irse a recorrer el estado, mientras la prensa nacional destruía su reputación. La misma actitud de encerrarse con piedra y lodo para intentar olvidar.
Moreno Valle ha caído en su crisis sexenal, como cayó su antecesor. Y aunque seguirá gobernando Puebla con sus fobias, la vida ya no será la misma, pues un niño de Chalchihuapan -quien se debate entre la vida y la muerte- lo acompañará siempre, sobre todo en sus noches de insomnio.
Será tema de debate cuando busque ser presidente de la República o intente imponer a su esposa como candidata a la gubernatura.
Rafael Moreno Valle ya actúa como cuando Mario Marín estaba en la cúspide de su poder y de su soberbia.
Sólo falta que diga que esa era su bala pero no era su bala.