Friday, 19 de June de 2026

Dios en el Poder

Martes, 03 Junio 2014 02:30
Selene Rios Andraca

Luis Banck: sueño de un Godínez de verano

Por :
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Ser un Godínez de pura sangre no es fácil.

Muchos mueren en el intento. Otros ni siquiera alcanzan a convertirse en un Godínez promedio.

Actualmente, destacar entre tanto Godínez es una proeza que va más allá de odiar los lunes; coquetear con las secretarias; barbear al jefe; llevar un topper con calabacitas hervidas y quesadillas a la oficina; venerar los viernes; postear en redes sociales laparty del weekend o la rodadita en la montaña; rezar porque la quincena llegue rápido; rezar porque la quincena soporte los embates del fin de semana; rezar porque la quincena no se acabe en las primeras horas; llorar porque la quincena no duró ni tres días; rezar porque la quincena regrese pronto otra vez; maldecir mil 8 mil veces el trabajo que tienen; los errores de los demás; la responsabilidad sobre sus hombros y por supuesto, odiar con la profundidad godinera salir de casa los cinco malditos días de la semana y plantarse en el escritorio.

Ufff.

Todos los Godínez del mundo persiguen un solo propósito en la vida: ser jefes para tener lafacultad de ausentarse de la oficina; llegar tarde; ir a las comidas institucionales; argumentar “estoy con un cliente” y brincarse las ocho horas nalga; salir de la ciudad a una gira; culpar a los subordinados de cualquier error; tener gustos excéntricos y ver que los subordinados los satisfacen; llegar a la oficina y que un latte-light-tresshotsexpreso-espuma a 35 grados centígrados y una ensalada veggie con dos quesadillas de tortillas de nopal te esperen sobre el escritorio.

¡Así cualquiera llega al trabajo!

Un Godínez verdadero lucha día por día, mata día a día, por lograrlo. Por ser “jefes”.

Sin embargo, hay un sueño que sueña el sueño godinero.

Algo así como el trabajo platónico de los Godínez.

El dios de los Godínez.

Algo así como La utopía de los Godínez.

Ese algo se llama —ni más, ni menos—: Luis Banck.

Let´s see.
**  
—Léase al ritmo de El Gran Silencio

Lunes, los pobres se incrementan
¡Ni a Rafa ya le importan!
No voy a trabajá, no voy a trabajá.
No voy a traLbajá, no voy a trabajá.

Martes, no pongan pisos dignos
Ni que fueran tan benignos…
No voy a trabajá, no voy a trabajá.
No voy a trabajá, no voy a trabajá.

Miércoles, al diablo las viviendas…
No voy a trabajá, no voy a trabajá.
No voy a trabajá, no voy a trabajá.

Jueves, los indígenas tienen hambre
No voy a trabajá, no voy a trabajá.
No voy a trabajá, no voy a trabajá.

Viernes, ya nadie es populista
No voy a trabajá, no voy a trabajá.
No voy a trabajá, no voy a trabajá.

**
Luis Banck  no va a trabajá, no va a trabajá.

En enero todo mundo habló de él.

Que si la respuesta morenovallista  a la desgracia social en Puebla.

Que si el
Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social y su ranking de pobreza serían un mal rato de la historia poblana.

Que si el indigno tercer lugar en pobreza —en el que nos hundió miRafa— quedaría en el olvido.

Que si el salvador de la desgastada dependencia.

Que si el secretario sobrecalificado para cartera tan chiquita.

Que si la Secretaría de Desarrollo Social serían la sensación con semejante titular y con un presupuestazo de casi MIL millones de pesos.

But, de pronto esa luz del octavo (¿noveno? ¿décimo?) secretario de Desarrollo Social se apagó.

Hoy ya casi nadie habla de él.

Ni sale en los eventos junto a @Rafagobernador.

Parece que el ratón le comió la lengua, las piernas, los brazos, la cabeza.

Del simpático hombrecillo sólo queda un recuerdo, un susurro en las oficinas centrales de la Secretaría de Desarrollo Social.

Luis Banck, como Laura, no está.

Sólo Dios sabe dónde anda Luis Banck. Porque en su dependencia no está nunca.
Ni lunes.
Ni martes.
Ni miércoles.
Ni jueves.
Ni viernes por la mañana.

Sólo los clavos de la cruz saben qué hace Luis Banck toda la semana.

Porque en la Secretaría nadie lo sabe.

Nadie lo ve.

Excepto los viernes. A eso de las 8 de la noche le da por aparecer en aquellos rumbos de la ciudad.

Por eso los viernes NADIE se puede ir a casa —aunque la hora de salida sea a las 4, 5, 6, 7 u 8 de la noche—.

Todos deben quedarse en sus puestos por si al Jefe se le ofrece algo: un café, una libreta, unas hojas, una engrapadora, unas quesadillas con tortillas de maíz, un jugo de mango con azúcar morena… qué se yo.

¿Por qué Luis Banck sí va a trabajá  (sólo) los viernes en la noche?

Ni idea, yo tampoco me lo explico.

Debe ser un mantra godinero que sólo él sabe explicar.

O una costumbre godinera que sólo él sabe explicar.

O un capricho godinero que sólo los Dioses Godínez como él saben explicar.

Finalmente, Banck es un sueño de un Godínez de verano...

Miau.