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Esta vez, el PRD es el partido que más ha polarizado y aplazado la firma de la alianza electoral para el siete de julio. El Sol Azteca es el partido que más ha generado encono, primero condicionó la permanencia del partido magisterial y luego exigió sus candidaturas por la mala reputación de su fundadora, Elba Esther Gordillo.
La postura radical del PRD provocó el enojo de los panalistas, que por sentirse ofendidos, aplazaron la firma del convenio electoral. Las horas pasan y las indefiniciones continúan. Ahora, el PRD ya aprobó en su Consejo Estatal la coalición —pese a sus condiciones contra el Panal—, pero su dirigencia nacional no ha dicho esta boca es mía.
En México, la élite perredista no ha discutido la aprobación ni la coalición. Es más, el tema de Puebla no ha sido tratado. El plazo para registrar la alianza ante el Instituto Electoral del Estado es el próximo 22 de marzo y los aliancistas prevén reunirse el 21 para dar el sí o de plano, el no.
El problema es que las horas pasan y Tony Gali ya no puede soportar sobre su espalda los escombros del castillo del viaducto Valsequillo y el área de Comunicación Social del gobierno no ha sido muy útil hasta el momento y menos, si sumamos que ahora Tony Gali tendrá que cargar por otros días, los monumentos que le rinden culto a la personalidad del mandatario.
La indefinición, las condiciones y esos retrasos de la coalición sólo desgastan a Tony Gali, a nadie más.