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Dios en el Poder

Miércoles, 27 Febrero 2013 23:57
Selene Rios Andraca

Las cosechas de #ElbaEsther: ingratitud y soledad

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Ay nanita, la ranita.
Lo primero que pensé cuando supe de la desgracia judicial de La Maestra fue en mandar una ambulancia a Casa Puebla.
Si a mí se me subió el azúcar, no me quise imaginar cómo reaccionó mi adorado Rafael Moreno Valle.
Cuando me contestaron en el 086 y me preguntaron que cuál era mi emergencia, supuse que creerían que era una broma de muy mal gusto y que por chistosa, me llevarían a la cárcel como a Elba Esther.
Y Rafa no está para aguantar dos bofetadas emocionales en un solo día.
Así que colgué.
Por la estabilidad emocional, política y física del mandatario.
Miau.
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Ay Jesucristito.
Lo segundo que pensé fue que los elbistas poblanos encabezarían la resistencia contra la embestida del Presidente Enrique Peña Nieto.
Que comandados por Sherlyn, Gerardo Islas y Guillermo Aréchiga desestabilizarían el sistema autoritario del neopriismo.
Que maestros y elbistas poblanos impedirían el ingreso de #ElbaEsther al penal femenil.
Pero, pasaron las horas y nadie reaccionó.
Ni en el Twitter, chingá.
Ilusamente creí que la noticia no les había llegado.
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Lo tercero que pensé tras la detención de Elba Esther por desviar 2 mil 600 millones de pesos del SNTE para sus cirugías estéticas (?) fue que la estafaron.
#Regacho
Que los detenidos deberían ser los médicos y no ella.
Es una víctima, al final de cuentas.
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Lo cuarto que pensé fue que los líderes del SNTE y panalistas enloquecerían y harían una rueda de prensa para gritar que era un atropello, el Quinazo del sexenio, una detención arbitraria, una aprehensión política, una venganza electorera, una víctima del presidencialismo, una prueba del autoritarismo, un capricho del Presidente
Ya saben con pancartas y lonas con la leyenda: ¡Todos Somos Elba! ¡Todos Somos Elba!”.
Y nada.
Nadie reaccionó.
Ni Gerardo Islas.
Ni Sherlyn.
Ni Rafa.
Ni Cabalán.
Ni Jasso ni Alejo.
Ni Guillermo Aréchiga.
N-a-d-i-e.
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En la madrugada, ya como quinta reflexión, confié en que en el transcurso del miércoles habría, al menos, una pinche muestra de solidaridad para la mujer que hoy está en desgracia.
Y me resigné.
Porque obvio, nunca llegó.
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Han pasado casi 30 horas desde que la Procuraduría General de la República revelara la detención de Elba Esther Gordillo.
Treinta horas, más de mil 800 minutos.
Tic. Tac.
Y de sus fieles soldados en Puebla, nada se ha sabido.
La Maestra está por pasar su segunda, de muchas, muchas noches en Santa Martha Acatitla.
Convalece en una celda del penal para mujeres con insuficiencia renal, presión alta y hepatitis C.
Y de sus discípulos en Puebla, ni una queja ha surgido.
La PGR ha incautado los bienes de la lideresa sindical más poderosa de Iberoamérica.
La han hecho objeto del escarnio público y la han exhibido como un jugoso botín político.
Y de sus aliados en Puebla, ni un comentario se ha escuchado.
Porque de sus devotos en Puebla, de sus creaciones políticas, de sus alquimias electorales, ninguno ha salido a defenderla.
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Es indefendible, seguramente.
Es la enemiga número uno del Presidente.
La mujer más odiada en México.
Es una #hijadelachingada
Pero es su #hijadelachingada, su indefendible, su mentora, su creadora, su Maestra, su amiga y su madrina política.
Y abandonarla, es imperdonable.
La ingratitud y la indiferencia no son la respuesta.
¿No que en las duras y en las maduras?
No es una cuestión política o de coyuntura, es una cuestión de honor, caray.
Si hoy le dan la espalda a Elba Esther ¿Qué podrán esperar los demás mortales? Seriedad, elbistas.