Saturday, 06 de June de 2026

Dios en el Poder

Martes, 26 Febrero 2013 01:55
Selene Rios Andraca

El día en que Pablito hizo llorar al niñito Jesús

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Por Dios, es Pablo.
¿Qué más podíamos esperar de él?
Uno como sea, pero y el niñito Jesús qué culpa tiene.
Pero, ni modo que Pablito diera la gran sorpresa.
Pablito sólo tiene mentiritas.
Así, chiquitas y hasta chistosas.
Y no hay necesidad, pues.
A nadie ha logrado convencer de que será el candidato a la Presidencia Municipal de Puebla.
Además, qué pesado eres Pablo: te recuerdo que el niño Jesús llora cuando mientes.
¿Eso quieres secretario?
¿Eh?
Que el niño Jesús esté chille y chille por tu culpa.
Caray, qué poca consideración con el hijito de Dios.
**
Fue en esos días en que el Comité Municipal del PAN determinó hacer la pasarela de los cuatro aspirantes a precandidato a la alcaldía capitalina con militantes.
Fue Jorge Aguilar Chedraui —Yo no hice la lista—.
Fue Tony Gali.
Fue Franco Rodríguez.
Y cerró Pablo Rodríguez Regordosa—No porque sea el menos importante, bueno sí, pero no hay que decirle—.
El secretario de Competitividad, Trabajo y Desarrollo Económico acudió al encuentro de su amigo Franco Rodríguez.
Ese día tomó la decisión de ganarle a los tres.
Sus antecesores habían reunido a unos 600 en promedio.
Él, no se quedaría atrás.
#Esochingá.
**
El Comité Municipal le informó que a su evento acudirían 400 panistas comprometidos con la causa del albazul.
200 menos que con el resto.
Pero a Pablito, 400 se le hicieron repoquitos.
Y llamó al Centro Mexicano Libanés.
Que quería 800 cubiertos.
Que él pagaba la diferencia.
Que le valía un carajo.
Que quería a 800 panistas gritando su nombre.
El líder municipal panista Gerardo Maldonado le dijo que era imposible reunir a 800.
Pablito ni lo peló.
**
El honestisísimo Rodríguez Regordosa le llamó a su fiel escudero Pablo Montiel.
“¡Júntame los 800!”
Pablito Montiel, como siempre, obedeció.
Presionó a los líderes de mesasdirectivas, a presidentes auxiliares, a vendedoras de elotes, a comerciantes ambulantes, a bordadoras de banderitas mexicanas de La Piedad.
Ufff.
Hicieron sus cálculos (eloteros): llegarían más de mil personas al desayuno en el Centro Mexicano Libanés.
Las dudas surgieron entre los asesores de Pablito:
1. ¿Y dónde los vamos a sentar?
2. ¿Y a esos qué les vamos a dar de comer?

#Ahchingá.
Buen punto.
“¡Que se queden parados!”, fueron las sabias y dulces palabras del aspirante.
Pablito Rodríguez comandó a Ángeles Garfias a comprar unos pinchurrientos tamalitos para los “demás convencidos” del proyecto.
Que nadie se quede sin desayunar —Ese podría ser slogan de campaña. Te lo regalo—.
**
Llegó el gran día.
800 personas sentadas en las mesas del Libanés.
Más de 400 regadas en la periferia de las mesas y afuera del salón.
Pablo rebosante.
Le ganó a los tres.
L-e-g-í-t-i-m-a-m-e-n-t-e.
¡Nomás pagó 400 cubiertos extras y unos 700 tamalitos!
**
El niño Jesús se despertó alegre la mañana siguiente.
Sonreía.
Hacía brillar lagos, enverdecer cerros, encendía sonrisas, iluminaba miradas en todo el universo —lo que hace diario, pues— hasta que escuchó a Pablo Rodríguez Regordosa en Tribuna Radio:
“Por invitación del presidente del comité municipal, me fue muy bien, el evento me habían dicho que era para 400 personas y llegué ¡Y habían dos mil! Muy animados, algunas personas ya no cabían en el salón, eso me apenó. Entiendo salieron a comprar unos tamales, le ofrezco una disculpa a cualquiera de ustedes que estuvo ahí y que no recibió buena atención, para la otra haremos un evento más grandote.
#zasculero
Entonces, las lágrimas rodaron sobre el indefenso y tierno mesías.
Pablo, las mentiras de Pablo, provocaron el llanto del niñito Dios.
En sus pequeños y divinos oídos retumbaba el cinismo de Pablito: “Era para 400, pero llegué y había 2 mil… algunas ya no cabían en el salón, eso me apenó… salieron a comprarse sus tamales”.
Miau. (Devastado y desolado)