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El viernes en la madrugada una escena quebrantó la cotidianeidad en Puebla. Un bar dedicado a la música de banda llamado La Patrona fue baleado con armas AK-47 y R-15, al parecer, porque los guardias le impidieron la entrada a un grupo de personas casi al filo de las tres de la mañana.
Este tipo de balaceras en otras ciudades es pan de cada día, pero en Puebla es una situación inédita y que no puede tomarse a la ligera como pretenden las autoridades estatales y municipales. Hasta el momento ni la Secretaría de Seguridad Pública Estatal ni municipal ha sabido explicar qué sucedió y por qué sucedió. Por el contrario, la primera acción fue minimizar los hechos, calificarlos como “aislados”.
Otra de las acciones tomadas por el gobierno del estado fue eliminar de los medios de comunicación la nota de la balacera, como si eso solucionara el problema o evitara los comentarios en las redes sociales o en las escuelas.
La violencia que impera en Morelos, Veracruz y Guerrero puede alcanzar a Puebla de un día para otro, sin que autoridades o ciudadanos se escandalicen que un bar, en una de las principales avenidas de la capital, es baleado con R-15 o Ak-47.
Los rumores de quién está detrás de la balacera están hirviendo; teorías sobre un nuevo grupo que domina la plaza están disparadas; supuestos autores y presuntas reuniones del narcomenudeo, abundan. Por eso, las autoridades deben tomar con seriedad este tema, para evitar la paranoia.