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Las crisis son oportunidades. Las alianzas que ha tejido Rafael Moreno Valle desde que asumió la gubernatura tienen una ventana de oportunidad para deshacerse. Hoy es el momento idóneo para tomar un tres con rumbo distinto a las ambiciones del morenovallismo que van desde la mini gubernatura con Cabalán Macari, la gubernatura con Martha Erika Alonso hasta la Presidencia de la República con Moreno Valle.
Hoy es el momento para salir corriendo antes de que comiencen a llover las culpas. El futuro político de Rafael Moreno Valle se encuentra en manos del gobierno de Enrique Peña Nieto y es posible que la Procuraduría General de la República tarde semanas o incluso meses es emitir el dictamen criminalístico para decir qué mató a José Luis Tehuatlie.
Hace ocho años, la élite política se encontró en la misma disyuntiva: apertrecharse en torno al mandatario o huir despavoridos de la bomba Marín-Cacho. Nadie huyó y las consecuencias son harto conocidas, al extremo que la gubernatura está en manos del PAN.
Hoy, algunos morenovallistas con posibilidades políticas deben tomar una decisión definitiva: deslindarse del gobernador de Puebla, acusado de matar a un niño con su política del terror y su Ley Bala, o volverse su cómplice.
Los diputados que avalaron la Ley Bala en mayo pasado no tienen para dónde correr: Jorge Aguilar Chedraui, Patricia Leal, Eukid Castañón y demás morenovallistas vestidos del PRD, Nueva Alianza, PSI y Movimiento Ciudadano. Ellos no tienen alternativa.
Los que sí tienen una decisión muy importante y trascendente en sus manos.