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En menudo lío de credibilidad está metida la administración estatal. Demás está decir que es porque no saben operar una crisis política (una amiga dice que hay que regalarles el capítulo del durazno de la serie televisiva House of cards).
Ayer ya salieron con otro disparate ahí en la Procuraduría General de Justicia. No cabe duda que entre el procurador Víctor Carrancá con sus cohetes de onda expansiva y las piedras de alto calibre de Luis Maldonado, este par es mejor que Manolín y Shilinsky en la película cómica “Pobres pero Sinvergüenzas”, ¡fíjense qué suave!
Pero vayamos al origen de todo esto que ya es una feria de acusaciones entre unos y otros. Sin menoscabo de la muerte del niño Luis Alberto Tehuatlie Tamayo el origen de toda esta crisis que enfrenta la administración estatal tiene que ver con que desde el principio del mandato, Moreno Valle gobernó con formas poco democráticas y sí muy autoritarias.
Desde el inicio al empresariado poblano lo abandonó y prefirió contratar gente de otros lados del país. Al inicio de la misma administración se intentó imponer una ley que afectaba, principalmente a los periodistas, que fue conocida como la Rafamordaza.
Y a través de las redes sociales, el área de comunicación social tenía contratados troles para burlarse de aquel que intentara criticar a la administración estatal. Los #Rafabots es lo de hoy.
Compró muy fácilmente al 90 por ciento de los priistas. Y a los que no, los amenazaron con sus cuentas públicas. Acabó con su oposición. Menospreció al líder de su partido Juan Carlos Mondragón y ridiculizó al alcalde de su propio partido Eduardo Rivera hasta en el Grito de Independencia dejándolo atrás, pese a que él era el anfitrión de dicho acto.
También, al inicio de esta administración las manifestaciones en las comunidades de la Sierra Norte eran reprimidas sin importar quien estuviera ahí.
Se encarceló a un marinista por el delito de peculado.
Se encarcelaron a más de 30 campesinos por manifestarse (algunos sin cohetones expansivos, piedras de alto calibre y palos o tubos de uso exclusivo del ejército, mucho menos chanclas Ak-47).
A los periodistas los polarizó. Si criticaban, entonces, eran marinistas. Si lo adulaban, entonces, tenían derechos y eran, obvio, morenovallistas. Lo malo es que no todos eran marinistas y otros tantos que sí lo eran ahora hasta terminaron dando discursos oficiales en el día de la libertad de expresión.
Algunos periodistas, obvio, también fueron callados y otros tantos se callaron.
Hace un año y medio se intentó denunciar a 19 reporteros porque supuestamente habían dañado la imagen del gobernador sin ninguna prueba. Al final sólo se denunció a dos.
Al PAN estatal y municipal lo doblegó. Al Yunque lo usó. Al PRD lo tiene como grupo de choque. Ahí está el señor Cotoñeto para confirmarlo. La Legislatura pasada fue señalada como oficina de trámite, no obstante, la actual resultó peor. Es la actual legislatura una mezquita en la que solo van a adorar a su Dios.
Fernando Manzanilla fue muy inteligente al irse de ahí y no prestarse al cochinero en el que están metidos en el Congreso del estado, como comentario al margen.
A Enrique Agüera lo usó. Al final lo desechó y lo humilló. Luego vinieron los conflictos con los transportistas de RUTA, luego la sombra de la duda de corrupción en el caso de los verificentros para rematar con la ley de expropiación con la que quiso cobrar cuentas pendientes y personales con los Maurer.
Y ya en la cúspide de su poder: la Ley Bala.
Y como consecuencia de esa Ley ahora hay un niño muerto. La violencia, ya lo dijo la esposa del gobernador, genera violencia. Tras la muerte del niño salieron las explicaciones más estúpidas: no hay que llevar niños a las manifestaciones.
Es decir, si ven a un niño con una manta, el gobierno del estado no le importará disparar sobre de él, ¿para qué se manifiesta? ¿Quién le manda a andar de revoltoso?
Luego empezó la feria de la risa cuando acusaron a los pobladores de dedicarse al narcotráfico. Posteriormente, que si eran de Antorcha Campesina y que si había unos muchachos con camisetas naranjas y quién sabe cuánta cosa.
Lo mejor fue cuando sugirieron que los pobladores eran los responsables de la muerte y que en una de esas, hasta ellos provocaron su muerte. De risa loca.
Se contrató con dinero público a tuitstars y troles para contener. Se movieron plumas a modo para defender. Se intentó manipular a la prensa nacional aunque no lo consiguieron.
Y ahí están metidos en sus diálogos pensando que ya la brincaron ahora que Víctor Carrancá ya salió a decir que siempre sí, que fue un cohetón el que provocó la muerte del niño de Chalchihuapan.
La procuraduría de Moreno Valle asegura que la policía de Moreno Valle no disparó por lo tanto la imagen de Moreno Valle está incólume. Moreno Valle es inocente dicen los empleados de Moreno Valle.
Ajá sí ¿y su nieve de qué la van a querer?
La conclusión es que Moreno Valle no tiene quién le escriba por más que pague y pague para eso. La muerte del menor es una consecuencia de muchos actos. Moreno Valle está sembrando lo que cosechó. No sólo es quién mató al niño, lo que preocupa es qué hay detrás de esa muerte del niño.
Luis Alberto Tehuatlie fue una consecuencia de un gobierno lleno de soberbia.
Y entre más sigan su credibilidad se hundirá más. Lo malo es la polarización que se está generando entre los que acusan y los que defienden y esa también es una consecuencia de un gobierno represor.
Después de lo aquí escrito no nos queda más que decir: que inicien las guerras del hambre.