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Uno de los principales problemas que enfrenta este gobierno estatal es la comunicación. La comunicación hacia adentro de la administración así como la difusión. Este Gobierno terminó siendo más reactivo que proactivo.
En la crisis que enfrenta el gobierno de Puebla en estos días (por la lamentable muerte de un niño de 13 años causado por un proyectil con punta de goma que disparó la policía estatal), la máscara que trajo puesta durante casi cuatro años se cayó.
Vimos el verdadero rostro del gobernador y de sus seguidores.
No es un rostro agradable. No es un rostro confiable. No es un rostro creíble. No es un rostro que hable de honestidad. No muestra algún valor. Al contrario, ha mostrado la mentira, el resentimiento, la ira y detrás de todo eso miedo.
Y todo eso gracias a su nula comunicación. O por establecer la comunicación bajo amenazas, golpes en la mesa, celulares que salen volando, ofensas, humillaciones, despidos, coacciones, entre otras tantas linduras.
Y aquí es donde entra el efecto Streisand.
Fíjense que según la Wikipedia: “El efecto Streisand es un fenómeno de Internet en el que un intento de censura u ocultamiento de cierta información fracasa o incluso resulta contraproducente para el censor, ya que esta acaba siendo ampliamente divulgada, recibiendo mayor publicidad de la que habría tenido si no se la hubiese pretendido acallar.
Normalmente, estos intentos de censura se dirigen hacia fotos, archivos o páginas web, especialmente mediante cartas que amenazan con emprender acciones legales por parte del censor. Lejos de ser eliminada, dicha información recibe gran publicidad, y acaba siendo rápidamente distribuida a través de blogs, sitios de noticias o sistemas P2P. Este efecto ocurre, según el experto en Internet John Gilmore, porque la Red interpreta la censura como un daño o ataque hacia ella; y según muchos otros, simplemente por la curiosidad producida por la prohibición, es decir: ¿Qué será eso que me prohíben llegar a conocer?”.
Se llama efecto Streisand porque la actriz y cantante Barbara Streisand en el 2003 demandó a un fotógrafo que tomó placas a su casa. Ella lo acusó de invasión de la privacidad. El problema es que al hacerlo la gente se enteró del conflicto y fue contraproducente para la actriz.
En el caso de la lamentable muerte de José Luis Tlehuatlie es un claro ejemplo del efecto Streisand. El 9 de Julio pasado en la noche, unas horas después del enfrentamiento entre policías y habitantes de Chalchihuapan, la oficina de Comunicación Social emitió un boletín acusando a los campesinos de la gresca y por atacar a sus policías. 30 minutos después ese comunicado despareció.
Luego vino un silencio sepulcral por parte de las autoridades, mientras el menor hospitalizado se debatía entre la vida y la muerte.
Una semana después algunos periodistas despertaron y salieron a defender al gobierno estatal. El gobernador trató de minimizar el hecho, pues consideró que se quedaría en el ámbito local, pero no fue así. Columnistas nacionales y líderes de ONG’s y de gran calibre (diría nuestro secretario General de Gobierno) se sumaron a las críticas hacia la administración estatal.
De ahí se hicieron dos bandos los que critican y los que defienden. Unos salieron con teorías complotistas y otros simplemente denunciaron una actitud hostil del gobernador y sus secuaces.
Salieron a relucir muchísimas críticas contra el gobernador. Incluso sumó gente en su contra. Muchos que estaban agazapados se les quitó el miedo y comenzaron a denunciar actos de corrupción.
En esos días, de debates de columnas, José Luis Tlehuatlie Tamayo murió. Y la Ley Bala que impuso el gobernador a través de sus empleados del Congreso del Estado quedó en evidencia. Entonces, las críticas arreciaron.
Lo que intentó parar Moreno Valle no pudo. Junto su vocero, Héctor Alcudia, visitó casi todas las casas editoriales en la ciudad de México pidiendo que se le escuchara, que le creyeran.
Pocos le creyeron. Y algunas notas a su favor salieron firmadas por la redacción. Es decir, como boletines o notas pagadas. Su oficina de comunicación intentó a través de las redes sociales de burlarse de los críticos y contrató a Tuitstars y a troles para acallar las voces en contra.
Televisa le hizo un poco de caso al final, no obstante, como bien lo saben los que deben saberlo: la revolución nunca será televisada.
Todo eso resultó contraproducente. Porque la gente entonces buscó a las plumas críticas, buscó a quienes cuestionaban porque les creían. Y las voces oficiales incluidos los medios cercanos al gobierno estatal perdieron credibilidad o por lo menos no eran tan consultados como los otros.
Ni sus troles, ni sus plumas, ni las declaraciones del procurador de Justicia, Víctor Carrancá, ni las de Luis Maldonado, ni los mensajes velados, sirvieron para que la gente, el público, la verdadera opinión pública (que no la publicada) más allá del círculo rojo les creyera.
Ocurrió el efecto Streisand.
Es como escupir para arriba.
Y el colmo fue el reciente boicot contra las páginas de diario Cambio, pues parafraseando al ex presidente haiga sido como haiga sido ese fue un ataque contra la libertad de expresión. Estén o no de acuerdo con la línea editorial de ese medio, el ataque ocurrió y a los que nos dedicamos a esto por supuesto nos afecta.
El gobernador perdió el juicio moral. A lo mejor no el jurídico pero sí el moral y eso es desastroso, porque tiene que ver con la credibilidad.
Y como dijera el clásico: que Barbara Streisand y la chica terremoto los redima.