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¿Qué le ocurrió a Eduardo Rivera?
Al final de su trienio, el alcalde de Puebla cierra con buenos números a diferencia de su arranque.
El 2011 y 2012 no lograba conectar con los poblanos.
Incluso su correligionario Ángel Alonso Díaz Caneja lo acusó de ser “Lalito mil calles”, burlándose de que, supuestamente, no terminó la promesa de sus mil calles pavimentadas.
¿Por qué Eduardo Rivera subió en la percepción de la gente? , ¿qué fue lo que hizo que conectara más con sus gobernados?
¿Por qué ahora en las colonias le gritan “Eduardo gobernador”?
La respuesta está en su equipo de comunicación social.
Una vez que Ignacio Dávila Mora salió de esa área y tras la llegada de Fernando Cortez las cosas comenzaron a caminar de manera distinta.
Incluso en los equipos de trabajo.
Mientras Ignacio Dávila encabezaba Comunicación Social, la gente en el círculo rojo no creían que Eduardo Rivera había pavimentado tantas calles.
Simplemente no conectaba.
Pensaban que sólo estaba dedicado a enfrentarse al gobernador.
Se veía una administración creciendo en el encono, el odio, el rencor. Y las estrategias iban por esa materia.
Habría que revisar los números con los que arrancó Eduardo Rivera y ver con los que cierra su gestión.
Subió considerablemente.
¿Qué pasó?
Forma es fondo y el cambio en esa área ayudó al alcalde a cerrar bien la pinza ahora que abandona el presupuesto y que identificará a sus amigos y enemigos.
La decisión de deshacerse de Nacho Dávila llegó tarde. La hizo el año pasado, pese a que varios de los trabajadores acusaban de prepotente y de maltrato desde el inicio del segundo año de gobierno del alcalde.
Y es que los propios trabajadores se armaron de valor y enviaron una carta al alcalde para pedir la remoción de Dávila.
Al principio, el alcalde no podía creerlo e hizo caso omiso a las críticas.
No obstante, Dávila se fue a la campaña de Tony Gali y subieron a Fernando Cortez, quien tuvo que arreglar todo el desorden que le dejó su antecesor.
Las cosas comenzaron a caminar bien. Los números del alcalde y la percepción comenzó a subir.
Los trabajadores se sentían contentos al ir a trabajar.
Terminó la campaña de Gali, ganó la elección y nuevamente los trabajadores le presentaron un escrito a Eduardo Rivera denunciando la incompetencia de Dávila y pidiendo que no regresara a Comunicación Social.
Que fuera lo que fuera que trabajaban horas extras de ser necesario, incluyendo el día de la guadalupana, pero que Nachito no regresara más.
Y en esta ocasión, el alcalde Rivera les hizo caso. Las cosas mejoraron. A Nacho Dávila lo mandaron de “asesor”, es decir nomás a cobrar y no hacer nada.
No obstante, desde ese puesto trata de mandar, manotear, vetar medios de comunicación y boicotearlos.
A pesar de ser castigado todavía intenta controlar.
A un mes de su inexorable salida y posible caída en el desempleo, no se ha dado cuenta que los pasillos son muy grandes en el Palacio Municipal, que de todo se enteran todos y hay muchas historias por cobrar.