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Un símbolo del poder siempre será una silla.
La silla puede estar ocupada o vacía y eso ya tiene una gran significancia. Los candidatos a presidentes, gobernadores y alcaldes se pelean por ella.
Y esto viene a colación, porque el pasado 15 de enero, mientras muchos medios locales festejaban que el gobernador logró tener poder de convocatoria, se les olvidó mencionar algo más allá: una silla vacía.
Una pinche silla vacía.
Claro que ese asiento, podría pasar desapercibido e incluso llenado hasta con el trasero artístico de Sergio Meyer cuando canta (Sergio, no su trasero) “que te la pongo… que te la pongo”.
No obstante esa silla se quedó sin llenar.
Estuvo ahí.
Todos la miraron de reojo, nadie la confrontó.
Se pudo haber gastado millones de pesos desde la oficina de Comunicación Social para cubrir publicidad gubernamental en estadios de futbol, pero la silla continúa vacía.
Y ese vacío implica un boquete.
Ese boquete es el que dejó Fernando Manzanilla Prieto al no asumir la diputación local.
La cámara enfocó a esa curul en donde no había nada. Ni las moscas se paraban ahí.
Paty Leal mostró sus dotes de gatillera del sistema. Jorge Aguilar Chedraui se movía como pavorreal en el Congreso, pero ese espacio, esa silla, esa curul estaba sin llenar.
Los militantes del PSI, PRD se sumaban a la abyección con discursos zalameros y el espacio estaba sin llenar.
Las felaciones legislativas estaban a la orden del día.
El Congreso, como siempre, con su tufo de cochupo y patas, demostró que esta legislatura será sólo una oficina de trámites.
Pero ese espacio, esa curul, esa silla quedó vacía.
Alguien simbólicamente dijo: no y prefirió no sumarse a esa orgía del poder.
La renuncia de Manzanilla a tomar protesta fue el peor golpe asestado contra el mandatario hasta este momento, pese a todos los esfuerzos económicos de Moreno Valle para presumir su tercer “informe”.
La silla quedó vacía.
Esa herida difícilmente cicatrizará.
En la historia reciente de Puebla, cuando Moreno Valle presumía que tenía el control absoluto de ayuntamientos, Congreso y poder Judicial, quien fuera su más cercano le abolló la corona al renunciarle.
Podrá haber muchas especulaciones o versiones.
El hecho es que Manzanilla aventó la diputación y la silla quedó vacía, mientras el Congreso festejó su total abyección.
Alguien que tiene mucha información prefirió evitar ser señalado por este Congreso que pasará a la historia como un levanta dedos.
Rompió los hilos del poder y se negó a hacer el triste papel de la marioneta.
Por eso, por más análisis sesudos o los cinco puntos que hay que destacar del “informe”, hay un hecho y fue lo más importante: alguien muy cercano al gobernador y muy informado aventó el cargo y se fue por la libre.