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El minúsculo grupo de rechazados de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla insiste en hacer el ridículo una y otra vez. En primera instancia, la lideresa lleva tres años haciendo plantones y eso que ya estudia en la BUAP. En segunda, la mayoría de los huelguistas se rehusó a revelar su nombre y puntaje en el examen de admisión sólo unos cuantos aceptaron que ni siquiera hicieron el examen de admisión a la máxima casa de estudios.
El movimiento de rechazados está tan desacreditado que los huelguistas van de lo sublime a lo absurdo. El lunes pasado, los jóvenes paristas abandonaron la huelga de hambre para tomar un descanso. Sí, los manifestantes hicieron a un lado su lucha para tomar un break. Y ayer martes, hicieron un espectáculo sanguíneo: se extrajeron 10 mililitros de plasma para pintar de rojo sus consignas sobre las mantas.
Tal vez, la sociedad y la comunidad universitaria los tomaría en serio, pero, el problema es que ellos son los principales destructores de su movimiento y sólo son la burla de propios y ajenos.