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Uy sí, muy diputados, muy diputados, muy acá —jajaja amo esa expresión— y muy vestiditos, y muy con guaruras, y muy con choferes, y muy retratados, y muy peinados en la tele, y muy-muy junto al gobernador en turno, y muy obedientes, y muy empleados, pero al final de quincena, esos señores que deciden el futuro de Puebla desde una Curul en el Congreso del estado, así como usted, como yo, como todos, también se las ven negras al final de quincena.
#Zasculero
Qué cosas.
Esos señorones de camionetotas centavean cada 15 días.
Sudan la gota gorda.
Piden no leaunque para los pasajes.
Pobres diputados pobres.
Es difícil de creer pero los diputados, como Pepe el Toro, también lloran.
Aun con una dieta de 105 mil pesos mensuales, con un bono anual de un millón de pesos y con las jugusa$ “gratificacione$” —mejor conocidas como apoyitos— por avalar las ocurrencias del mandatario Rafael Moreno Valle, mis queridos diputados viven en la miseria.
Se los juro por mi ombligo.
Y si miento que el Tigre Toño no me diga que las Zucaritas son rrrrriquísimas nunca más.
Let´s see.
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El más jodido de los diputados es sin duda el verde-ecologista Osvaldo Jiménez.
El muchachón asumió la diputación en abril cuando Jesús Morales Manzo abandonó el Congreso de Puebla para registrarse como candidato a regidor de la planilla del extinto Enrique Agüera.
Él estaba muy emocionado por la responsabilidad pública que tenía a cuestas.
Al fin la revolución le había hecho justicia.
Sin embargo, un día de quincena apareció Jesús Morales Manzo por el Palacio Legislativo.
Osvaldo Jiménez lo saludó efusivo hasta que entendió por qué estaba ahí el señor Morales Manzo.
No, no había ido por la tanda.
Aunque se dice que Morales Manzo —perredista-petista-verdeecologista-comecuandohay— cobró 2 millones y medio para renunciar a la planilla de Enrique Agüera, el diputado con licencia fue a cobrar su dieta.
Wtf!
Bueno, la mitad.
Sí, Osvaldo Jiménez no cobra su dieta íntegra.
Morales Manzo le chinga la mitad.
Cada mes, la misma historia.
En su papel de agiotista, Morales Manzo le cobra a Osvaldo Jiménez el cheque de la primera quincena del mes.
—Ya no te lleves mi quincena, Chucho, ora yo soy el diputado. No seas gandalla.
—Pos ni modos, mi Osvaldo, esa curul es mía, no tuya.
—Pero pos yo le chingo, tú ni trabajas.
—Cállate y dame mi quincena.
Pero, hay que entender a Morales Manzo, lo hace por pobre.
No por hambriento.
Ni por miserable.
No piensen mal de Morales Manzo.
Si lo ven, háganle un favor: tírenle un pan.
De nada, Manzo.
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Otro que verdaderamente sufre cada mes es mi queridísimo Chucho Zaldívar.
Dicen que hasta insomnio le da al pobre.
Que por eso nunca sabe lo que aprueba en el Pleno Legislativo.
Que no es que sea sumiso a los intereses de Moreno Valle, sino que está tan mortificado con sus deudas que no tiene cabeza para pensar en las barrabasadas jurídicas que se discuten en el Congreso de Puebla.
Que al diputado panista hasta ronchas le salen al final de mes.
Cruig.
Criug.
Que hasta el pelo se le cae.
Que el ojito derecho le rete brinca de los puros nervios.
Que hasta se estriñe, pues.
¡Y todo por culpa de esos pinches bancos capitalistas!
Jesús Zaldívar se las ve tan mal, pero tan mal, que tiene que corretear la chuleta con Mario Riestra.
Y cada mes la misma historia: Los adelantitos de la dieta.
Ahí va con su patroncito Mario Riestra para que le anticipe su cheque.
—Adelántame mi cheque, Mario, por el amor de Dios— le dice Chucho Zaldívar a Mario Riestra en tono de Pepe el Toro.
—¿Otra vez, Chucho?
—Pinches intereses de las tarjetas de crédito, me traen re jodido. Ten piedad, mi Mario, seré arriestrado. Pero págame, págame, no me dejes morir de hambre. Piensa en mi familia. Tengo enferma a la Chachita.
Qué drama, Dios Santo.
Y el muy desventurado ni pa´ vender las trenzas como Chachita, pues.
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Y otro que hace sufrir a todos por el dinero es Mario Riestra.
Y vaya que son días de furia los del presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política.
A todos los amenaza con no entregarles el cheque de “Gestión Legislativa” o los viáticos.
En ratos los cheques del Cochinito, en ratos los viáticos.
—Mira, Ernesto, ya dile a ese cabrón de Mejía que me deje de madrear.
—Pero ¿Yo qué? Él te dijo arriestrado, no yo.
—¡Amarra a tus perros! ¡Tú eres el coordinador de los priistas!
—Pues a ver qué puedo hacer.
—Si me vuelve a madrear, no te doy tus viáticos para irte a Nueva York ¿Entendiste?
—Pe…pe…pero… Mario…
—¡Ya te dije, cabrón!
Uy qué genio del arriestrado éste.
Queridos lectores, tengan compasión de los diputados.
¡Que también tienen hambre!
Miau.