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En la edición de junio de la revista 360 grados (que próximamente estará en puestos de revistas) se hace una revisión del PRI hecha por sus propios actores. Los más importantes, por lo menos.
Blanca Alcalá, Enrique Doger, Rocío García, José Luis Márquez, Guillermo Deloya y su actual presidente Pablo Fernández del Campo analizan el rumbo que deberá tomar su partido ahora que vive una crisis provocada primero por Mario Marín y Javier López Zavala en el 2010 y profundizada con la derrota a Enrique Agüera en el 2013.
Tras varias entrevistas realizadas llegamos a esta conclusión: si los priistas quisieran darle batalla o derrotar al morenovallismo, sólo les queda un camino: ponerse de acuerdo.
El principal enemigo del PRI es la existencia de tantos grupos y de tantos líderes.
El principal enemigo del PRI poblano es el PRI poblano. No hay peor enemigo de un priista que otro priista.
El PRI está balcanizado y eso lo ha sabido aprovechar muy bien tanto el gobernador como sus operadores.
Sus egos. Sus orgullos. Su falta de sensibilidad. Sus intereses. Sus compromisos. Su egoismo ha dado al traste con todo el PRI en su conjunto. Si nombran a un candidato, la mayoría de sus correligionarios actúan en contra.
Es sabido, por ejemplo, que Juan Carlos Lastiri usa el poder que tiene y sus relaciones para beneficio personal y si puede vetar a alguien de los demás grupos lo hace sin miramientos.
Al parecer, pues nadie lo ha reconocido abiertamente, Blanca Alcalá y Enrique Doger fueron los primeros en ponerse de acuerdo. El ex rector buscaría la minigubernatura en el 2016 y la senadora Alcalá encabezaría el 2018.
Se sabe que ya hay gente operando dicho acuerdo como Javier Casique Zárate, persona muy cercana a Doger.
El PRI vive en la orfandad. No sabe comportarse sin su Gran Tlatoani. Sin el Caudillo. Sin su cacique que le jale las riendas.
Están en crisis y deben aceptarlo.
Uno de sus principales errores es ponerle la veladora a Enrique Peña Nieto con la esperanza de que un día le declare la guerra al gobernador poblano. La realidad es muy lejana a esa posibilidad. Peña Nieto ya es presidente y le vale la progenitora lo que ocurra en Puebla. Para él son sus reformas legislativas.
Tampoco habrá un Waterloo en Casa Puebla. Lo que le ocurrió a Mario Marín no se repetirá en muchísimos lustros. El gobernador poblano está muy fortalecido.
Quieren salir del ostracismo, necesitan unirse.
Tragar sapos –cosa que saben hacer muy bien- y unirse.
De no hacerlo, se quedarán ahí con sus pírricos triunfos y con líderes camerales que son fácilmente corrompibles.
Chamba mata grilla
A un año de que Alfonso Esparza asumiera la rectoría de la BUAP, los resultados cada vez son más evidentes. La máxima casa de estudios en la entidad se ubicó en el lugar 70 de las 300 evaluadas por el estudio anual de QS University Ranking 2014.
La calificación de la BUAP subió 57.6 puntos; 7.6 más que los obtenidos en 2013 cuando logró sólo 50.
Es claro que el rumbo de la universidad va por mejores caminos. Se ha abocado más por el fortalecimiento interno y ahí están los resultados. El mejor antídoto contra la grilla es la chamba. Los resultados están ahí. Eso fortalece más a la universidad y a su rector en este primer año.