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El escándalo del reciente fin de semana fue enterarnos que el empresario radiofónico José Hannan Budib (dueño de la tan manoseada estación 10.10 de AM) se encargara de ofrecer el discurso oficial de la tan traída y llevada libertad de expresión, en la comida que se celebró en Casa Puebla.
Pepe Hannan llegó muy mono a la residencia del gobernador con su trajecito, su corbatita y un discursito muy mono también, en el que palabras más palabras menos afirmó categóricamente que: “¡En Puebla, sí existe la libertad de expresión!...”.
Para rematar con: “… sí existe pero dentro del marco del respeto”.
Lo peor es que dicho comentario puede ser o tomado de dos formas: o es un mensaje entrelíneas en el que asegura de forma subversiva que la libertad de expresión no la hay al cien por ciento o es que hay que estar orgullosos porque la libertad existe dentro del marco del respeto y sólo así debe ser.
Aplausos.
Desde el priismo de Díaz Ordaz no se escucha tan enjundioso discurso en el que hay que agradecer al poderoso en turno nos permita expresarnos libremente.
“Alabado sea El Señor que todo lo ve”.
Después de todo forma es fondo. Y el mensajero es el mensaje. Desde hace más de un año existe la sospecha de que fue Pepe Hannan quien entregó las cabezas de Alejandro Mondragón y Valentín Varillas en el ánimo de quedar bien con el inquilino de Casa Puebla.
El viernes, sin querer queriendo, la especie podría haberse confirmado.
¿Quién no recuerda a Pepe Hannan quitándole la estación a Alberto Ventosa en el 2006 porque en ese espacio radiofónico se cuestionó muy duro a Mario Marín por el escándalo Lydia Cacho?
Recuerdo una anécdota en el 2010, fue en la época en la que en la Revista 360 Grados publicamos una fotografía del candidato marinista a la gubernatura Javier López Zavala en el que apareció todo desfajado y desalineado y una de Rafael Moreno Valle presentable y bien vestido.
Teníamos un programa de radio ahí en la 10.10 a las ocho de la noche todos los martes e hicimos una parodia radiofónica de un doctor llamado Adove PhotoShop en el que decíamos si eres gordo, feo y chaparro no dudes en llamar al doctor Photoshop.
El comentario era generalizando sobre los políticos gordos, feos y chaparros, sin dedicatoria alguna.
Terminando el programa de radio recibí una llamada telefónica.
Nos quitarían el programa de radio porque hablamos mal de López Zavala.
-Pero en ningún momento hablamos de Zavala.
-Pero dijiste gordo, feo y chaparro.
-Pero Zavala no tiene la exclusividad.
-Pues tanto el papá de Pepe Hannan como él están enojados y quieren que vayas a hablar con ellos y pedir una disculpa.
-Pues al diablo con el programa. Yo no acusé a Zavala de ser gordo, feo y chaparro.
-No te calientes. Mira, no nos conviene pelearnos, además ellos están muy cercanos a Marín y a Zavala. Y como están las cosas después de la publicación, lo mejor sería…
Conseguí la grabación del programa y dos días después nos reunimos en la oficina de un amigo mutuo de Hannan y de la revista.
Ahí presentamos el audio en el que nunca se dijo que Zavala era gordo, feo y chaparro.
Estaba muy caliente el ambiente por los 10 espectaculares contratados de la revista en el que aparecía Zavala de un lado y Moreno Valle del opuesto y se hacía una comparación.
Entonces Pepe Hannan dijo: “bueno, bueno, ya definan… con quién van a jugar, con Zavala o con Moreno Valle, porque lo de los espectaculares los puso como morenovallistas”.
-No somos morenovallistas.
-Por eso, por eso. ¿Qué papel van a jugar? Quieren seguir con nosotros. Tienen que dejar de criticar a Zavala.
Cedimos a las presiones. Dejamos de usar las palabras, gordos, feos y chaparros para evitar herir susceptibilidades.
Quizá no entendimos que en la 10.10 había libertad de expresión, pero se nos olvidó el marco del respeto.
En ese entonces, Hannan era el empresario favorito del marinismo. Iba todos los domingos a Casa Puebla a jugar futbol, le contrataban todos sus servicios de gasolineras para los coches del gobierno y rentaban tanto bodegas como locales para oficinas públicas.
Era pública su cercanía con los marinistas.
Ahora la situación ha cambiado desde la salida de Alejandro Mondragón y de Valentín Varillas.
Ahora Pepe Hannan es una estrella más del canal de las estrellas.
Y todo por la bendita libertad de expresión, pero sobre todo y antes que nada: el marco del respeto.