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¡Sí pues´n!
Ah pero ¡qué martirio! Pobres de las mujeres que conviven con nosotros los hombres.
Y no lo digo por cualquier cosa, sino porque convivo con muchas damas que me comparten sus historias con relación a nuestros comportamientos masculinos.
Una amiga que está casada desde hace cinco años, me dijo que los puntos indiciados para saber que realmente te casaste con un “hombre” son los siguientes:
Primero: el baño lo dejamos hecho un asco (según ella) ya que, no levantamos la sentadera del baño y dejamos pequeñas huellas del enfático quehacer.
Segundo: Preferimos ver el futbol que ver una película.
Tercero: Eructamos por todo.
Cuarto: Cuando nos bañamos hacemos gárgaras mocosas.
Quinto: La constante rascadera trasera y del frente.
Sexto: Los reclamos eternos: ¿Ya no hay nada que cenar? ¿se acabó la cerveza? ¿por qué estacionaste el coche así? ¿no puedes callar al perro? ¿vamos a ir con tus papás?
Séptimo: Dormimos abrazados al celular ¿pues qué escondemos?
Octavo: El enunciado hacia la mujer: ¿Por qué te vistes así?
Noveno: La pregunta del millón: ¿Tienes a tu ex novio en Facebook? Entonces aceptaré a la mía.
Décimo: El comprensivo: ¡Deja los platos para mañana, seguro te ayudo! (ajá)
Doceavo: Ya no regalamos flores. Regalamos videojuegos, películas de acción o pomos.
Pilón: ¡Cómo roncan! …Che´s Leones.
Estos son los puntos básicos y así es como, a leguas, las mujeres nos descubren.
La situación está en que, aún con todos estos ingredientes, las princesas nos aceptan y quizá no somos principitos pero ¡cómo nos aman!
Moraleja Panzera:
Quesos: Los hombres solemos dejar tirados los calcetines para la fermentación.
¡Ciaosito!