Columnas Anteriores
¡Sí pues´n!
Indignado, indignadísimo lector.
Y es que ya no es lo mismo ir a comprar papitas de la marca de la carita feliz; esa carita tan hipócrita que me invita y que me incita a comer chatarra y tras pagar la suma de 7.50 pesitos, me encuentro con una bolsa tan llena de aire que bien podría funcionar como especie de globo de agua… Pues ya que pues´n.
Estoy, después de mi comentario anterior, bastante contento.
Sucede que me encontré a un gran amigo de la infancia esta semana, de esos con los que uno lloró, puso cohetes en los timbres, jugó futbol hasta altas horas de la noche y que estaba sumamente educado en una familia totalmente conservadora.
Después de años de no verlo, me enteré que trabajaba en un alto cargo de cierta dependencia federal y pues ya mide como unos dos metros y está hecho un ladrillo.
La cuestión no es esa, lo que sucede es que desde chavitos, mi pandilla de ladillas y yo pues usábamos muchos apodos (niños mugrosos sin quehacer) y a este hombrecito le tocó ser la rata (debido a que cuando lloraba, se quejaba como roedorcillo).
Pues qué te digo lector, que llegué yo muy campante a saludarlo, como en los viejos tiempos y él muy acompañadito de una morrita que creo yo era su novia. Que le digo – qué pasó mi Rata, ¿cómo estás?- y noté que su semblante cambió por completo. Si su cuerpo es un ladrillo, su rostro me parecía ya una pared total… jetón hasta más no poder y dijo algo así como – no me digas así, que no ves que yo soy tal y que me desempeño como tal y que esas cosas de ratita son parte del pasado-.
No, pues contento y triste a la vez pero la verdad es que al despedirme, inmediatamente le marqué a la lagartija, otro amigo de la pandilla de ladillas y que le cuento lo sucedido. La Lagartija puntualmente recalcó que eso jamás volvía a pasar, que la rata siempre será la rata y nada de amenacitas ni nada por el estilo.
Al pasar los días, pues que nos reencontramos la lagartija, la rata y el perro (saludos de vecinos y aprovechar que estaba en Puebla, la rata) e inmediatamente hubo una burla descontrolada por parte de los sobrevivientes de la pandilla de ladillas.
La rata finalmente sucumbió y sólo rio para decirnos que no teníamos m… y que esperaba que cuando le dieran alguna mención chipocluda, no estuviéramos ahí, que ya no quería burlas, ni siquiera enfrente de la o las morras, que era una orden. ¡Ah qué rata tan chillona!.
Moraleja Panzera:
Esta Moraleja va dedicada a las dos morras que cumplieron años este mes y que no pude ir a festejar con ellas por razones estomacales. Felicidades a Viri y a Rayas (Selene), grandes reporteras y jefas patronas de este periódico digital.