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Editorial

Miércoles, 15 Mayo 2013 00:38
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A debate, los debates por la alcaldía capitalina

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Un debate es una presentación para defender un proyecto o una idea con argumentos válidos. No es una simple exposición de ideas o de promesas de campaña. En términos estrictos un debate político es una confrontación de dos posturas divergentes para que los oyentes sean convencidos.

Sin embargo, el formato de los debates en Puebla son una simple exposición de los candidatos y de sus promesas de campaña, no hay confrontación, no hay divergencia no hay una batalla ideológica ni de un candidato ni del otro.

En caso de que los candidatos determinen realizar tres, cuatro, siete o mil 500 debates, todos serán insulsos y una simple presentación pública, si los formatos se mantienen rígidos y bajo el axioma de “ambientes controlados”. Para conocer los verdaderos argumentos de los candidatos será necesario un cambio en el formato que flexibilice las anticuadas reglas de debates anteriores.   

La fórmula de un moderador que sólo da la palabra y que es incapaz de ser un árbitro, es obsoleta. Durante la campaña presidencial, los jóvenes del movimiento #132 trataron de romper las reglas, aunque al final cayeron en los mismos errores.
 
Ser testigo de seis u ocho debates con el formato anterior será una tortura, nada más, no un mecanismo para conocer las posturas, la ideología y las soluciones a la ciudad. La tarea fundamental recaerá en el orador que más que preguntar sobre temáticas generales como la educación, la salud, la seguridad y el empleo, debe dirigir la confrontación a qué soluciones específicas tiene Puebla Unida y alianza 5 de Mayo a la problemática de la ciudad. De lo contrario, qué tortura.