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Marcelo no tiene amigos, tiene guarros.
Va con los guarros al cine.
Baila con los guarros en su fiesta de cumpleaños.
Brinda con los guarros en el Mural de los Poblanos.
Pero ni baila ni brinda con sus amigos.
Ni los invita a celebrar un año más de vida.
Por eso a su fiesta de cumpleaños del sábado pasado fueron los guarros, pero no sus amigos.
No fue Rafael Moreno Valle y eso que tiene hartos guaruras y re peligrosos —Já, pregúntenme a mí—.
No fue Fernando Manzanilla y también tiene guardaespaldas.
No fue Jorge Aguilar y eso que es re simpático.
Bueno, ni siquiera fue Tony Gali y él —mi suegro querido— que canta tan re bonito y es el mejor animador de fiestas que he visto en mi vida.
Tampoco llegó el guapo, guapísimo Cabalán Macari.
Nomás se hizo el aparecido Ángel Trauwitz.
Y aunque le encantan las pachangas, nomás estuvo un ratito.
Seguro que sintió incómodo entre taaaaaaanto guarura.
Y quién no.
—Yo sigo traumada. Los veo y como dice mi querido Marcelo, me tiro al piso—.
Lo malo es que los guaruras no son suyos sino de su novia…
A ver si Roberto Moya le da presupuesto para que Puebla TV le ponga sus propios guarros.
¡Ya vimos que los cambió por sus amigos!
Miau.
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Es un exceso ir al cine sin guaruras, guarros, guardaespaldas o similares.
Y más cuando son tus únicos amigos.
Jesucristito.
Finalmente, además de acompañarte, te cuidan de todos los males del cine.
Cómo si uno no leyera las noticias para no enterarse de las masacres en las salas de cine en las películas románticas. —Ah no, es en las de acción—
Claro, bendito Dios en México eso no ha pasado.
Pero uno nunca sabe.
Si bien no hay locos que entren con armas de fuego, sí hay cientos de desconocidos armados hasta los dientes con palomitas, hot-dogs, nachos con queso caliente, gomitas azucaradas y un Ice de manzana verde.
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Era un miércoles cualquiera, de esos de dos por uno en las salas de Cinépolis.
Unos inconscientes ciudadanos llegaron al cine ¡Sin protección alguna!
Trataban de ver la película francesa de “Amigos” que tanto ha vanagloriado la crítica del séptimo arte.
De pronto, en las butacas del fondo se escuchó un sutil sonido cargado de estática.
Piufff.
Piufff.
—Sí aquí X8, asegurado el lugar, K47. Adelante. Todo X8 y sin rastros de atentado de palomitas, cambio y fuera.
El encriptado mensaje alertó a algunos cuantos perdidos en la función de media noche, pero mantuvieron su atención en la película.
Piufff.
Piufff.
—Atención X8 en la 35. Cuidado con la T21 y su 34 que llevan dos hot-dogs con harto chile jalapeño.
Marcelo García, su novia y compañía entraron a la sala y se acomodaron en las últimas filas.
Los dos guaruras, colocados uno en cada extremo de la fila, no dejó de comunicarse un solo minuto.
Toda la película amenizada con sus pláticas encriptadas.
¡Qué padre!
Muchos no escucharon la película, gracias a los guarros de Marcelo.
Miau.
Qué necesidad, pues.
Mejor que recupere a sus amigos.
Así ya no anda espantando a la gente en el cine.
Y ya tendrá con quien brindar en su cumple-cumple.
Esa es mi humilde opinión, pues.
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