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Aún con gripa, con el oído izquierdo inflamado, con dolor de garganta, aquí me tienen explotado para escribirles esta bonita columna.
Y encima a dieta.
En la torre.
Bueno pero ni mi sobrepeso ni mis malestares no son lo que les quería contar.
Hay mejores historias que cuántos gramos de Loratadina me estoy metiendo para desinflamarme el oído.
(O cuánto sufro porque la nutrióloga me quitó el refresco.)
En fin.
Mejor empecemos con una historia de Pablito Fernández del Campo.
Ese priista que ya no cabe en el edificio de la Diagonal Defensores de la República.
Me cuentan varios amigos priistas que, desde que Pablito compró su medio kilo de huevo, se amarró los pantalones y lo nombraron presidente del partido se siente el muy muy.
Puebla le queda chiquita.
Ahora cada que llegan a buscarlo los aspirantes a cualquier candidatura en el próximo proceso electoral, Pablito se pone divo.
Vaya, para Pablo no hay suelo que lo merezca.
Pablito es el elegido por los dioses.
Pablito es la neta.
Pablito es el amo y señor.
En el PRI ya nadie lo tolera.
Quien lo haya puesto a cuidar el changarro no pensó que se volviera un verdadero dolor de tanates.
Es más, a aquellos que sí les toma la llamada, con una mano les dice que sí y con otra les cobra el apoyo.
No voy a dar nombres pero, ya pasó con los aspirantes a varias presidencias municipales de la zona metropolitana.
Pablito les dice que sí, que los apoya, que ellos van.
Que van solitos, que con Peña sí ganan, que son los buenos.
¡Que quén los quere!
Que él y el Partido los apoyan.
Ah...
Pero sólo a cambio de un detallito.
Un detallito pequeño.
Algo que pueden hacer sin broncas.
Pablito pide que se mochen con él.
Sí, así como lo leyó.
Pablito pide que le apoquinen para su precampaña a la alcaldía.
Que les pongan a sus amigos empresarios.
Que armen reuniones donde les hagan todas las relaciones públicas
Que organicen comilonas donde carguen al chamaco, donde abracen a las señoras y donde se deje escuchar su nombre porra tras porra.
Eso pide Pablito.
¿Pos no que no iba?, se preguntaron algunos.
Pos que siempre sí quiere.
Que le de tiempo, pues quién sabe.
Pero él no se baja de ese barco.
Y si hay alguien terco, ese es Pablo Fernández del Campo.
Pablito dice que si los aspirantes a diputaciones, a presidencias municipales quieren llegar a las candidaturas primero le echen la mano.
Y ya después él mismito los acomoda.
Claro, ahora falta que los aspirantes le crean.
¿Serán tan ingenuos?