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Correr, ese gran goce
¿Y qué tal si le empezamos a dar al ejercicio..?
El pretexto es bueno, justo en este momento. Nos subimos a la inercia del gusto y motivación que dejan los juegos olímpicos y arrancamos. Razones hay muchas. Recordatorio, uno que por ahí vemos repetido en distintos espacios, que nos dice que en nuestro país, 7 de cada diez personas sufren de sobrepeso. O tienen esta característica, aunque no lo sufran.
Estemos en ese caso o no, el reto es bueno.
Las cosas deben tomarse así, en caliente. La actitud, es como el combustible de una decisión. Máxime que lo que estamos por definir, digo, si a usted le parece, no es cosa de vida o muerte. ¿O sí? Bueno, hagamos que sea de vida, bien lejos de lo mortal. En serio, la idea es contagiarlo a usted (o reforzar el contagio si ya lo tiene) de la idea de empezar por trotar un poco.
No, no, no, no, no, no diga que no tiene tiempo, que “más adelante”, “un día de estos”, “yo ya para qué”, “¿y en dónde?”. Ninguna de estas evasivas –respuestas es válida, ninguna.
Para todas hay salidas. Reitero, partimos siempre del respeto absoluto a su decisión. Pero mire, vale la pena. (Y la palabra pena no tomada aquí en su acepción de “sufrimiento intenso”, eh, sino simplemente como un esfuerzo, un pequeño esfuerzo..)
Si tiene unos kilitos de más o no, es lo de menos, lo importante es la decisión. Arránquese.
A ver, a mí se me ocurren aquí algunas ideas o sugerencias, que son sólo eso, y que usted puede corroborar o comentar con expertos en la materia, sean médicos o corredores profesionales. Yo le comparto lo que he observado y que personalmente me ha funcionado.
Revise primero cómo anda de salud, si no tiene un problema o antecedente cardíaco de consideración. No estaría mal consultarlo con un médico. Si no es ese su caso y figura dentro del común de los mortales, pues entonces adelante. No requiere hacer grandes gastos ni a cada rato. Tan solo una inversión , in-ver-sión, más o menos duradera.
Se requieren unos tenis, no de lujo ni moda, sólo PARA CORRER, eso sí. En los almacenes esos mayoristas se encuentran de buena calidad y precio razonable. Una característica importante: no deben pesar más de 250 gramos. Cuando los compre hágase acompañar por un corredor. Un short, una playera y una sudadera; en época de frío unos pans; la gorra es opcional. Y listo.
Localice uno o varios lugares, desde las calles despejadas cerca de su casa, un parque, una avenida o un bulevar no muy transitado, el parque ecológico, los fuertes, la Laguna de San Baltasar, el Parque del Arte, el paseo de la Rivera del Atoyac, el Paseo Bravo, San Francisco, una pista cercana, en fin, usted escoge. De preferencia salga muy tempranito, entre 6 y 9 de la mañana, si no tiene tiempo entonces a mediodía o por la tarde.
(Tenga presente lo que dice por ahí una bonita canción norteña: “al golpe del alba, la liebre es ligera…por ahí va)
Acuérdese que “la mañana es la juventud del día”, y el aire fresco del amanecer es especialmente motivador. Está comprobado, además, que cuando usted traspone el umbral de su casa y respira el aire fresco, ocurren dos cosas: le cambió el día…y ya no se regresa a la cama. Yo siempre he pensado que la levantada para salir a correr ya es la mitad del ejercicio. Quien rompe la comodidad seductora de la cama, entra a otro placer mucho mejor.
Primero hay que calentar un poco. Unos breves ejercicios de piernas, brazos, estiramientos. Imitemos un poco a los gatos cuando se incorporan de un placentero sueño, primero se dan unas estiradas francamente envidiables. Se me hace que hasta les rechina o truena su flaquísima osamenta. Recuerde que el gato es como el amo del hombre, en tanto que el perro apenas es su mejor amigo.
No estaría mal hacerse acompañar para los inicios por algún corredor con experiencia, las guías y el encausamiento siempre ayudan.
La motivación inicial es fundamental. Hay que sembrar, para que quienes empiezan echen buenas raíces. (Y aquí entre nos: para que no se regresen a la cama…ni deserten a los pocos días. La cama es canija, digo, en el buen sentido).
Luego, arrancamos. Si nunca ha trotado, podemos empezar con un periodo de caminata. Tal vez un par de semanas de media hora de caminata. Pueden ser, idealmente, seis días a la semana, si no se puede, por lo menos tres veces, la clave es la constancia, no dejar periodos en blanco. Constancia es la clave. Como me dice un amigo: “paciencia y constancia”.
Transcurridas esas dos semanas podemos empezar a trotar. Quienes obviaron ese periodo por tener antecedentes en esto, entonces retomar las cosas con calma.
Hay que empezar suavecito, muy suave, como paseando. La clave de este ejercicio, y creo que de cualquiera, es lograr que esta actividad sea un disfrute, un placer, un gozo. Si llega a ser molestia, incomodidad o tortura, entonces no estamos empezando bien las cosas.
Tiene que ser algo placentero, un regalo al cuerpo a través de los sentidos. Pero el regalo se tiene que conquistar, se tiene que merecer.
Todo comienzo cuesta un poco de trabajo. Todo tiene una pequeñita dificultad. El reto es superarla día a día y con gusto. Todo principio es de abajo para arriba, en todo. Me dijo un amigo: “el único que empieza de arriba para abajo es el cavador de tumbas.” Y es muy cierto.
El trote es ligero, con ritmo, moviendo acompasadamente brazos, piernas, caída de los pies, suelto, nada de tensión, con cierta cadencia. La práctica dará esto último. La asesoría inicial, insisto, es importante. Y por lo general los corredores con experiencia siempre están prestos a orientar. Algo que desarrolla en la persona el trote es la socialización y la solidaridad.Y otra cosa: se vuelve uno medio predicador. Como redentor de almas, empezando por la propia.
(Ahorita me acordé de la letra de aquél son jarocho: “para bailar el jarabe/ para eso me pinto yo/ para rezar el rosario/ mi hermano el que se murió/ ese sí era santulario/ no pícaro como yo…”)
Suelo decir que el trote y la carrera se convierten para uno como una suerte de medicina preventiva, de droga sana,de religión, sí, de religión, una religión que le ofrece y garantiza en vida, todo lo que otras le ofrecen dar…a condición de que primero se muera.
Bueno, retomamos el punto: en la caminatase vale hablar, ir conversando de modo ameno con los compañeros, sabroso; en el trote preferentemente no. En verdad es incómodo, molesto, ir platicando al correr.
Se pierde atención al disfrute, a la concentración solitaria, al ritmo respiratorio, a la contemplación del panorama; y un corredor me dijo que se pierden hasta energías y líquido por ir hablando como loro huasteco sólo por atender a parlanchines que van junto.No está prohibido ni se castiga con la pena capital cual si fuera uno socio desertor de algún cártel, no, pero es incómodo. Sutilmente dígale al de junto que “vamos a ir en silencio para concentrarnos mejor”, y esperemos que “al buen entendedor…”, tan tan.
El tema es bueno y da para más, pero qué le parece si lo continuamos el próximo lunes.
Y a lo mejor hasta organizamos luego una jornada de inicio de trote, todo depende del interés que pudiera haber, nos ponemos de acuerdo.
Yo estoy puestísimo…
(Mientras tanto, nos vemos y escuchamos cada lunes a las 19 horas por el Canal 26, y en radio en el 105.9 de FM)