Tuesday, 16 de June de 2026

Dios en el Poder

Martes, 02 Octubre 2012 02:33
Selene Rios Andraca

Amores repor-perros

Por :
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—¿Qué les pasa, pendejos? ¡Suéltenme! ¡Suéltenme!— soltó, iracundo, el reportero Jorge Pérez Soto.
—Cálmese, señor, cálmese.
—¡Suéltenme! ¡No saben con quién se meten, pendejos! ¡Soy reportero! ¡Soy de e-consulta! ¡Soy de e-consulta!
**

Los amores violentos resultan siempre bastante peligrosos.
Toda historia romántica cargada de agresiones, acaba en tragedia.
No hay otro final para amores furiosos.
Aunque muchas veces el final tarda en llegar.
El problema se agrava cuando la violencia se manifiesta públicamente.
Y por supuesto, después de eso, no hay vuelta atrás.
Let´s see.
**
Ella estaba en la Sala de Prensa del Ayuntamiento capitalino platicando con sus colegas reporteros.
Fue un día malo para la información ese miércoles.
Entonces, el reportero de e-consulta Jorge Pérez Soto llegó al Palacio Municipal.
Ella lo miró con recelo.
Él, con rabia.
Ella trató de ignorarlo. 
Pero él no pudo contenerse.
Su respiración lo delató.
Estaba enojado, muy enojado. 
No soportó más.

Pérez Soto no controló su ira.
Se acercó a ella.
La tomó del brazo y la obligó a mirarlo. 
Comenzó una discusión insulsa.
Él, gritó.
Ella, lo ignoró.
Él, bufó.
Ella, lo ignoró.
Él evidenció su furia.
Apresurada,  tomó su bolsa y salió del Ayuntamiento para alejarse del novio enloquecido.
El reportero la siguió a pasos agigantados.
A gritos frente a todos.
Poco le importó el show en pleno Ayuntamiento.
La alcanzó en las puertas del Palacio.
Ella trató de irse.
Pero, Jorge Pérez continuó la discusión.
Escupía, trastabillaba.
Ella dio dos pasos más para alejarse.
Él la detuvo.
El enojo deformó el rostro de Jorge Pérez Soto.
Y gritó.
Y berreó.
Y bufó.
Los policías del Palacio escucharon el pleito marital. 
Se mantuvieron al acecho del
 cavernícola ese.
Sin más, Jorge Pérez Soto se acercó a su pareja.
Levantó la mano y siguió con el airado reclamo.
De pronto, todo sucedió muy rápido.
La rabia dominó al furibundo Pérez Soto.
Al tiempo de gritar una ofensa, levantó más el brazo...
Le volteó la cara de una cachetada a quien fuera su novia.
Ella ni tiempo tuvo de defenderse.
Una segunda bofetada le impactó el rostro.
Ella se cubrió la cara y comenzó a llorar.
Incontrolable, Pérez Soto la tomó de brazo y la jaló lejos del Palacio Municipal.
Los guardias, hasta entonces, intervinieron.
Tomaron al reporterito por los brazos y trataron de calmarlo.
—¿Qué les pasa, pendejos? ¡Suéltenme! ¡Suéltenme!
—Cálmese, señor.
—¡Suéltenme! ¡No saben con quién se meten, pendejos! ¡Soy reportero! ¡Soy de e-consulta! ¡Soy de e-consulta!
—No importa, señor. Le pegó usted a la señorita.
—¡Les vale madre, pendejos! ¡Soy abogado! ¡Soy reportero! Yo puedo hacer lo que yo quiera… ¡No se la van a acabar!
Los policías contuvieron los instintos cavernícolas del reportero Jorge Pérez Soto, mientras ella se alejaba de la escena.
Ni hablar.
Los golpes
siempre son el reflejo de un enfermo cerebro y de una minúscula, minúscula hombría.
Queda.