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CUADRI.-No se puede ir tranquilo por la vida jugándole al ingenuo y dando lecciones de asepsia y pureza. Gabriel Cuadri, el académico que emergió exitoso en el debate, usa un disfraz de engañabobos. Sabe, y lo oculta, que en este juego en el que está inmerso no vale por sí, sino por los intereses que representa y quien está tras él.
Digámosle a las cosas por su nombre: Elba Esther, la figura más desprestigiada de la vida pública del país lo contrató para su juego. Decisión inteligente, ni duda cabe. Ella, en las alcantarillas de la política y del sindicalismo, necesitaba alguien inteligente que le lavara la cara. Y encontró al Cuadri perfecto. Un hombre sin antecedentes en la política, de pensamiento articulado, hábil en los escenarios y dispuesto a rentar su nombre y prestigio. La operación es rentable para ella. El primero logro será mantener el registro de su negocio, o partido como también se les llama.
Lo segundo es proyectar una buena imagen para el PANAL y eclipsar, así sea temporalmente, el desprestigio y corrupción de todo lo que la Gordillo toca. Y el tercero es tener en este personaje una especie de superhéroe que aparezca frente a cualquier crítico de Elba Esther y lo fulmine con sus críticas e ironías. Ella tiene el dedo en el gatillo, él es el gatillo en las dos acepciones del término.
Para fortuna de ella, y de él, Cuadri es el más mediático de los cuatro candidatos. Un bocado incuestionable para una sociedad mediática y legiones de jóvenes desinformados o sin interés por entender o digerir la política. Él sabe cómo hacerlo. Para Elba es la mejor inversión de las últimas décadas. Para él, el negocio de su vida. Sólo el núcleo informado observa que es Elba quien mueve los hilos, paga los servicios del “seso-servidor” –porque es talentoso, desde luego-, y ambos explotan a placer la pobreza política y orfandad ética que sufre el país.
Es su negocio, van bien…
5 DE MAYO, PRIVATIZADO.-Los pueblos tienen sus tradiciones. Más a fondo, los estudiosos de la historia le llaman a estas prácticas algo así como “sus mitos fundacionales.” Algo de esto es el festejo del cinco de mayo para los poblanos. O era…
Mezcla de rito y mito. Convivencia popular de pueblo y ejército. Bandas de guerra y música de viento. Carros alegóricos y desfile multicolor, lucimientos de hijos, exaltación de los héroes, explosiones de júbilo patriótico, asomo de la gente a un gajo de la historia en la que los poblanos fueron y son los héroes de la película. Carnaval cívico, competencia estudiantil, orgullo magisterial, todo esto junto y mil cosas más ha sido el desfile…. hasta antes de éste último.
Esta vez la fiesta se expropió. La visita presidencial, el estado mayor y el tufo elitista arrumbó a la gente. Y todo esto fue con arrogancia, con soberbia y discriminación, con el peso de la fuerza y la amenaza del fusil.
No se sabe qué resulta más dañino para un pueblo, si la parafernalia presidencial donde el ejército todo lo controla y trastoca sólo por la obsesión del mandatario de refugiarse en la seguridad de las bayonetas en un espacio de diez kilómetros a la redonda, o el sentimiento superior de un gobernante que ve a los gobernados como una clase baja sólo digna de migajas.
Eso sufrió la gente. No son inventos de periodistas. Léanse los correos que inundaron las páginas de internet, los comentarios mil que la gente suelta por doquier, el resentimiento que se trueca en insulto y rabia. Las mil caras de la frustración por ver un desfile, asistir a un concierto, ir a un festejo, asomarse a una obra, llegar a casa en coche como cualquier día, transitar por una avenida, ir a un restaurante o visitar a un pariente.
Durante tres o cuatro días la ciudad estuvo tomada, sitiada por miles de policías y soldados. Un festejo centenario se reservó a un puñado de exquisitos. La gente rumiaba su molestia, su irritación, su impotencia.
A los gobernantes de las cúpulas del poder se les olvida que esto es pasajero y que la gente tiene memoria. Y olvidan algo más: que este año hay elecciones y el resentimiento también vota.