Wednesday, 13 de December de 2017

Bésame, intoxícame… sin celos

Por Rolando Ochoa Cáceres / /

panza identifi

Era celoso y también controlador. Durante mucho tiempo fui así y me di cuenta de que las experiencias que se narran sobre los celos o sobre el control son realmente más opiniones a distancia que suelen ver aquellos episodios como una enfermedad. Y sin embargo las respuestas son nulas. Creo que en esta época no solamente los vicios tienden a trastornarnos terriblemente, también las ansiedades, la falta de control mental y la cantidad de obsesiones que adquirimos pueden destruirnos si no hacemos algo antes.

Yo no lo entendía hasta que solicité ayuda. Mi psicóloga me advirtió, después de mucho tiempo, que estos horribles episodios tenían que ver de alguna forma con mi niñez fracturada y el autoestima que apenas existía en mi persona. Todos los miedos y todos mis temores los significaba yo como respuestas al cariño de las personas.

Desde que comencé a tener relaciones sentimentales mis estados de ánimo fueron aún más volátiles. Los ideales alrededor de la fidelidad, de la monogamia y los constructos que impone la sociedad, la religión e incluso la misma filosofía, nos encausan a comportarnos de cierta manera. Sin querer decir lo que está bien o lo que está mal porque de ninguna manera soy alguien para juzgar, muchos de esos ideales hicieron mella en mi comportamiento y en mis actitudes y por lo tanto todo eso era prácticamente leña al fuego.

Es difícil aceptarlo pero gran parte de mi tiempo como pareja puedo decir que era, probablemente, el ser más tóxico del planeta. Las inseguridades se manifestaban y vivía incontables pesadillas. Jamás prohibí algo pero me sacudía en demasía cuando alguna de mis ex parejas solía salir con amigos o hablaba con amigos o no me contestaba el teléfono o algún mensaje o algún zumbido en el extinto Messenger o no se comportaba conforme lo que yo quería o no actuaba conforme mis expectativas.

El gran problema es que por aquellos ayeres no únicamente era un workaholic empedernido, un fumador descarriado y un bebedor constante, era también un ser intoxicado capaz de intoxicar a la gente que yo quería y de alguna forma, a orillarlas a mi victimización.

Esas dos palabras, expectativas y victimización eran el centro de mis relaciones. Yo pensaba que debía esperar lo mejor de mis parejas y tenía la expectativa de su actuar. Cuando eso no sucedía entonces el mundo se me venía abajo y lloraba y/o sufría tremendamente para hacerles notar que me habían herido. Y no sólo lo hacía notar, las culpaba de mi estado deplorable.

Puede resultar risible para algunas personas pero creo que somos muchos los que hemos padecido una enfermedad tan terrible como la depresión misma que nos hace caer en aquello que llaman el Síndrome de Otelo. Alguna pareja que tuve se le ocurrió decirme, recién comenzamos a andar, que todos sus amigos habían querido andar con ella. Decirle eso a una persona con niveles desastrosos de autoestima es casi casi la muerte. Eso me representó una ansiedad terrible y no se la comuniqué sino hasta que ella salió con alguno de estos amigos y cuando los invitaba al hogar en el que vivíamos. Probablemente nada sucedía entre ellos pero yo quería ver que sucedía todo entre ellos. Independientemente de aquello que dicen que es importante dar el lugar a la pareja, como dice mi psicóloga, era más importante darme a mí mi propio lugar y creo que mi conducta jamás fue la apropiada. Mucho reclamé, dije y también herí, y eso siempre va destinado a fracturar la relación y a encaminarla al caos. Y resultaba que siempre que alguien la buscaba inmediatamente mi mente hacía el truco de ponerle filtros a la realidad y me fastidiaba hasta el cansancio.

Otro episodio que viví con los celos fue cuando una de mis ex parejas decidió presentarme con su ex novio. Independientemente de la relación que ellos hayan sostenido, yo inferí totalmente que ellos pretendían regresar y que yo significaba la burla de ambos. Por obvias razones esa relación se volvió un caos de reproches y mentiras y de ficciones de pesadilla.

Nunca llegué a revisar el teléfono de mis ex parejas pero la ansiedad me comía indiscutiblemente. Fumaba más para intentar calmarme pero cada que escuchaba el teléfono de alguna de ellas solía enojarme en demasía pero nada expresaba, todo lo guardaba.

Después me era terrible vivir y cuando decía lo que sentía me avergonzaba y notaba el dolor que provocaba. Sin embargo, en el momento quería yo tener la razón y buscaba pruebas, formas, cualquier cosa que me dijera que lo que pensaba era cierto.

Un día, quizá el mejor día de mi vida, decidí, al verme en el espejo con ojeras, con la peste de los celos y por supuesto, soltero, buscar ayuda para recuperar mi autoestima y disfrutar la vida y mis futuras relaciones. Cuando se lo conté a mi psicóloga sentía una vergüenza extrema porque en realidad odiaba comportarme de esa manera. Tras algunas preguntas ella me mostró lo absurdo que es vivir de esa manera pero también lo tan terrible y doloroso que es vivir con esa enfermedad. Me hizo notar mi nula aceptación y también mi nulo amor propio. Nunca había entendido eso de que para querer a otro necesitaba uno quererse a sí mismo. Lo entendí hasta esa plática. Cuando comencé a quererme la vida me pareció distinta e incluso, después de algún tiempo, comencé a sentirme casi casi con súper poderes.

Después comencé con la meditación y encontré algo sumamente lindo. En primer lugar, nosotros no somos nuestros pensamientos y en segundo, somos humanos y podemos errar, la cuestión está en qué tanto nos perdonamos con compasión y debemos aceptar que nuestra imperfección es inherente a nuestra experiencia. Vi mis errores y no podía creer que mucho tiempo fui una pesadilla viviente, no únicamente para mis ex parejas, sobre todo para mí mismo. Noté mis vulnerabilidades y también que es hermoso vivir sin expectativas, sin intentar controlar absolutamente nada y aceptando el todo sin juzgarlo. Me percaté del daño que había generado y también el daño que me había y habían provocado. Llegar a esto no solamente han sido pasos difíciles, también pasos sumamente dolorosos. Gracias a esto dejé de fumar, dejé ciertos vicios y comencé a vivir un tanto más tranquilo.

De ninguna manera quiero decir que estoy totalmente recuperado. Creo que viviendo con un trauma infantil como lo tengo es muy difícil sentir la plenitud pero por lo menos he alcanzado a valorarme y a quererme más.

Las inseguridades, los celos, el control, es decir, todo aquello que esté dentro de la gran bolsa de la baja autoestima puede provocar lamentables situaciones que pueden prevenirse.

Lo que dice Betzabé Vancini en su artículo titulado “Cómo reconocer una relación tóxica” también publicado en Periódico Central es sumamente cierto: “Recuerda que puedes amar mucho a otra persona pero que primero debes amarte lo suficiente a ti. Una relación no debe ser fuente de angustia, debe ser un plus positivo en tu vida”.

Creo que es válido aceptar lo que somos en todo sentido, el problema está en evitar significar aquello que sabemos que de alguna manera es incorrecto, está mal o acarrea dolor.

Creo que muchas mujeres y muchos hombres viven esto a diario y también creo que hay que darse la oportunidad de sanar. Antes yo afirmaba que ser celoso era muestra de amor y ahora puedo decir lo contrario. ¡Duré años en darme cuenta! Los celos no son ni una forma de amor ni una clave para estar en pareja. Los celos como trastornos trastornan la realidad y hacen que todo se vuelva doloroso, sufrible y en algunos casos, mortal. Si alguien vive con esto es lindo reconocerlo y advertirlo, buscar ayuda psicológica o espiritual o de cualquier tipo es un gran paso pero para darlo debe existir una enorme voluntad de salir de aquél escenario. Creo que es oportunidad de vivir amándose y vivir amando.

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