Alto a la extorsión
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Fundado a mediados del siglo XVI, el Barrio de Xanenetla ha sabido transformar su piel de cantera en un lienzo de identidad para sobrevivir a la modernidad en Puebla. Su nombre, derivado del náhuatl xalnenetl (muñeco de arena), hace referencia a la piedra pómez o xanene que abundaba en la zona. 

A diferencia de la traza reticular del Centro Histórico, este barrio se moldeó siguiendo el cauce del río San Francisco, a las faldas de los cerros de Loreto y Guadalupe.

Su arquitectura destaca por el uso de la piedra de río y el ladrillo, materiales que hoy asoman entre las grietas de sus casonas y le confieren una textura rugosa y auténtica, distante de la elegancia barroca del resto de la capital poblana.

Barrio de Xanenetla, el latido de piedra y color que se resiste al olvido en Puebla
Calle empedrada y mural. Creditos: Luis Camacho

Aquí no hay grandes palacios, sino fachadas sencillas donde el ladrillo rojo y el xalnene son los protagonistas. Históricamente, Xanenetla fue el refugio de ladrilleros y artesanos.

Durante siglos, de sus hornos salieron los materiales que construyeron las grandes iglesias de Puebla. Sin embargo, con el paso del tiempo y la canalización del río, el oficio desapareció, sumiendo al barrio en un silencio que amenazaba con convertirse en abandono.

Como todo barrio antiguo, Xanenetla guarda leyendas de personajes que parecen desvanecerse en callejones estrechos, como la 4 Norte de Puebla. Se dice que aún se escuchan los ecos de los antiguos arrieros que bajaban del cerro con mulas cargadas de leña para los hornos.

Barrio de Xanenetla, el latido de piedra y color que se resiste al olvido en Puebla
Mural. Creditos: Luis Camacho

Uno de sus puntos más emblemáticos es el Arco de San José, que marca la entrada a este micromundo. Aunque las historias locales hablan de túneles secretos que conectan con los Fuertes, la historia más real es su actual resiliencia.

De zona brava a museo al aire libre, así sobrevivió el barrio de Xanenetla en Puebla 

Hoy, el barrio de Xanenetla de Puebla se ha reinventado como un museo al aire libre. Su supervivencia actual no se entiende sin el proyecto Ciudad Mural, que convirtió fachadas grises y húmedas en narrativas visuales.

A partir de 2010, la estrategia impulsada por el Colectivo Tomate transformó el entorno, frenando el deterioro social.

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Los vecinos abrieron sus puertas a los artistas para plasmar la historia de sus familias, sus miedos y sus glorias. Estos murales no son simples adornos, funcionan como un escudo contra la gentrificación y la inseguridad.

Durante décadas, el barrio fue etiquetado como una “zona brava”. Irónicamente, ese aislamiento salvó su esencia al mantenerlo fuera de la ruta del turismo masivo.

Esto permitió conservar su traza irregular y sus vecindades, convirtiéndolo hoy en el punto de encuentro predilecto para fotógrafos y viajeros que buscan la Puebla más auténtica.

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Luis Camacho

Luis Camacho

Licenciado en Televisión y Producción Audiovisual de As Media. En el periodismo digital ha laborado en medios como e-consulta, Diario Cambio y actualmente en Periódico CENTRAL