Alto a la extorsión
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La historia del Barrio de Analco, nace de la necesidad de vivienda de los indígenas que edificaron la Puebla de los Ángeles.

Fundado formalmente en 1531, surgió como un asentamiento para quienes cruzaban el antiguo río San Francisco y servían a la naciente traza española.

Mientras en el lado poniente se erigían palacios de cantera, en Analco crecía una identidad mestiza que hoy define a México.

Por Analco, los poblanos hicieron célebre la frase elitista “ya cruzó el río”, usada cuando un habitante mejoraba sus ingresos y lograba mudarse a la zona española.

Y aunque no lo creas, hasta la fecha algunos poblanos todavía utilizan esta expresión con un sentido clasista y despectivo.

Pero si algo distingue a este rincón de Puebla es el oficio de la alfarería y la curtiduría, pues durante siglos produjo loza y ladrillos para la ciudad.

Su arquitectura refleja una “humildad barroca”, encabezada por la parroquia del Santo Ángel Custodio, cuya fachada de ladrillo domina la plaza principal.

Asimismo, el barrio se define por el Puente de Bubas, un vestigio histórico que conectaba la zona con el hospital de la ciudad para atender a enfermos.

A este paisaje se suman vecindades de techos altos y patios compartidos, que aún preservan el espíritu de la vida comunitaria.

Más allá de sus muros, Analco ha sido cuna de luchadores, panaderos y artesanos, por lo que cada fin de semana se transforma en un tianguis vibrante.

Ahí se ofrece desde talavera hasta antojitos poblanos, mientras los visitantes sostienen la economía local con sus compras.

Así, en un caos ordenado de colores, adquieren juguetes de madera o mole artesanal y mantienen viva la cohesión social pese a la gentrificación.

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Barrio de Analco sobrevive entre el estruendo de los antros y el asedio de los “franeleros” de Puebla

Sin embargo, lo que antes eran casonas de alfareros hoy enfrenta una batalla contra la contaminación auditiva y la apropiación del espacio público.

La proliferación de centros nocturnos y la llegada de “franeleros” alteraron la dinámica del barrio, especialmente en calles cercanas al Puente de Bubas.

Al ritmo del reguetón y las luces de neón, la vida nocturna desafía la tranquilidad del lugar, por lo que vecinos denuncian la pérdida de identidad.

A la par, ha surgido una estructura que controla el asfalto ante la falta de parquímetros y la estrechez de las vialidades.

Visitantes y locales reportan que “apartar” un lugar puede costar hasta 50 pesos, dependiendo del evento o del día de la semana.

A pesar de la presión externa y el desorden, la comunidad no se rinde y mantiene vivas sus tradiciones.

Los habitantes se organizan para celebrar sus fiestas patronales y, además, exigir a las autoridades mayor control sobre las licencias de funcionamiento.

De esta manera, buscan que el histórico Barrio de Analco siga siendo un hogar y no solo una zona de paso de la Ciudad de Puebla.

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Luis Camacho

Luis Camacho

Licenciado en Televisión y Producción Audiovisual de As Media. En el periodismo digital ha laborado en medios como e-consulta, Diario Cambio y actualmente en Periódico CENTRAL