En qué momento pensar en legado

Una de las grandes preguntas, ¿qué voy a dejarle a mis hijos, herencia o legado?, y no me refiero meramente a la descripción jurídica

“Esperar el momento correcto para invertir, el error más común” 

Estoy en vísperas de cumplir mis 50 años de vida, ya me cuesta mucho trabajo bajar de peso, las rodillas me empiezan a doler y mis amigos se burlan de mí porque me duermo a las 9 pm. Junto con estos padecimientos, a esta edad uno empieza ya a hacer recuento de lo logrado hasta el momento.

Una de las grandes preguntas, ¿qué voy a dejarle a mis hijos, herencia o legado?, y no me refiero meramente a la descripción jurídica. En lo personal, he definido una diferencia entre estos dos conceptos. La herencia se reduce solo a lo material, a pensar en trasladar a los hijos cuentas bancarias, joyas, casas, cualquier bien inmueble o incluso deudas. Esto es lo más común y sencillo, dejar una herencia.

Pero he estado pensando cómo propiciar legado en mis hijos, y he tomado mucho tiempo en pensar en lo siguiente. La idea del legado es generar trascendencia en varias generaciones, no solo la siguiente, es decir, dejar algo para tus nietos y hasta bisnietos, algo a largo plazo. Por esto, estoy pensando en crear un plan bajo los siguientes rubros: valores y cultura, legado emocional y relacional y espíritu innovador.

Primeramente, la educación es muy importante para propiciar una cadena de valores que dirijan la personalidad de los hijos a tener una cultura familiar que trascienda. Propiciar costumbres, apego a la familia, convivencia familiar, apertura a adaptarse, educación continua y mundo son elementos muy importantes.

El legado emocional es una parte muy difícil de diseñar, porque esto empieza desde el primer día que engendras a tus hijos. Proviene desde la transmisión genética que define el comportamiento y se complementa con la forma de lidiar con las emociones que enseñamos a los hijos; día a día transmitimos cargas emocionales que los van formando carácter. Nuestros descendientes aprenden de nosotros, los padres, a cómo actuar bajo ciertos problemas, cómo aprender o desaprender, o lo más importante, cómo comportarnos con los demás y crear relaciones a largo plazo.

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Finalmente, otro punto que he empezado a pensar es cómo conservar el espíritu innovador y de exploración con el cual nacen los niños desde infantes. Este espíritu es el abono para que el legado se mantenga y crezca de generación en generación. Fortalecer en los hijos la curiosidad, el emprendimiento y el ímpetu de construir cosas nuevas es fundamental para que se procree legado familiar.

Me sorprende cómo las familias de siglos pasados se preocupaban por la preservación del apellido familiar, que en realidad era la conservación nupcial. Propiciemos la cultura de generar legado.

Comentarios: Jorge.medinasal@gmail.com

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