Dicen por ahí que el camino de la queja solamente provoca carencia.
Y un personaje acostumbrado a la queja también está acostumbrado al dinero fácil, a convencer a personas bien intencionadas y encantar a serpientes con tal de pagarse su estilo de vida que siempre ha tasado en dólares.
La más reciente de sus estafas, y por el bien del estado, esperemos que sea la última ocurrió con la idea de un reality show.
Un empresario desembolsó dos millones de pesos –o más haciendo las cuentas de lo que perdió en viajes de Madrid a Ciudad de México y Puebla– en lo que él esperaba sería su sueño de ver un reality show terminado en el que aparecería entre los créditos como productor a manos de un personaje que ahora muchos califican como un mero “buscachambas”.
Fue más o menos así…
Corrían los días finales del Covid-19, el mundo se recomponía después de tremenda pandemia que arrebató la vida a casi 400 mil personas solo en México, el encierro provocado por la enfermedad generó un boom de las plataformas de streaming. Esto solo generó un mercado demandado en prácticamente todos los formatos. Series, miniseries, programas cómicos, animación y reality shows.
Un hombre español de la rama inmobiliaria cuya vida se dividió entre México, Islas Canarias y Madrid tenía en mente generar un programa de televisión pero de contenido positivo. Para no joder su fama pública, solamente lo vamos a llamar “El Empresario”.
Vio que todos los reality shows en general vendían conflicto y estrés así que notó una especie de ventana de mercado generando un tema digno de aliviar la mente de las personas tras tanto sufrimiento en pandemia. La propuesta fue generar un reality show donde ciertas personalidades hicieran obras benéficas. No sonaba mal y se acerca un tanto a lo que influencers internacionalmente conocidos como Mr. Beast, hacen prácticamente todos los días. Es más, Mr. Beast ya tiene un reality show que explora precisamente muchas de las caras de distintas personas en algo similar al Juego del Calamar.
Pero ese no era el fin, “El empresario” quería llamar a un público positivo. Quería hacer una especie de Shark Tank que el que él y otros personajes de cierte renombre en España juzgaran a las personalidades que apoyarían un proyecto de caridad para después financiarlo. No sonaba mal, hasta que, la buena fe del empresario y algunos de sus allegados lo presentaron con nuestro segundo personaje en cuestión. Lo vamos a llamar “El Creador”.
“El Creador” venía de un par de malos tragos en pandemia, su vida social se descompuso y con el gobierno de Sergio Salomón Céspedes logró engañar a un par de personas bien intencionadas y generar una de las peores cintas de cine histórico que el cine mexicano podía tener.
Vaya, le quedó mal hasta a los de vestuario, que corrió a cargo de la prestigiada universidad Trozmer. Y la cinta se proyectó en muy pocos cines y de la semana no pasó.
La epopeya histórica nomás durmió a la mitad de los asistentes a su magno estreno y los actores, que fueron un grupo de influencers poblanos a quienes solamente en su feed de Instagram los ubican, no llegaron ni a las Diosas de Plata y mucho menos al Ariel, como él presumía por “la calidad actoral”.
A la par de este gran tropiezo que le dejó muy buenos dividendos a “El Creador” fue que ofreció hacer el proyecto de “El Empresario”. Con algunos de los influencers que acababa de conocer, le propuso a su mecenas generar su versión de Shark Tank pero al estilo de “La Casa de los Famosos” pero en positivo, con valores, muy mono y a la poblana.
Les prestarían un rancho en el estado de Puebla donde habitarían los influencers y uno que otro actor reconocido –o muy necesitado, como Ariel López Padilla, quien anda aceptando hasta el personaje de “árbol 2” en obras de teatro escolares– para generar dinámicas en las que fueran ganando el dinero para caridad.
Bueno, el costo del proyecto total saldría en dos millones de pesos. “El Empresario” dijo, “órale, va” o bueno “hostia, tío”, por aquello de que es español. Y se aventó el trompo a la uña.
Lo que no sabía es que al aceptar, estaría entregando prácticamente regalado su dinero sin recibir ningún producto terminado.
Se llevaron a cabo las grabaciones en el rancho, se llamaron a los influencers, actores y demás figuras públicas, se hicieron las dinámicas sin un solo guion o un libreto bien escrito y los aventaron a todos a la grabación como si eso fueran un par de huevos revueltos a la mexicana. Todo mal hecho y al ahí se va. El resultado fue que la dueña del rancho terminó muy molesta por el estado en que dejaron su propiedad e incluso acusó a una influencer de hacer ritos satánicos mientras se daba la grabación. Total que los corrió a todos y la grabación no iba ni a la mitad.
“El Creador” aseguró que podría vender el producto final en Netflix o Prime. El problema es que nunca hubo producto final.
El resultado de la mezcla de influencers, un par de actores en retiro, un rancho prestado y ningún guion fue un fraude enorme.
Al proyecto en pre pre preeee producción se le nombró: “Con lo que hay”. Mejor nombre, imposible.
“El Empresario” jamás pudo ver el producto terminado, jamás participó en las grabaciones y nunca materializó su idea.
Desembolsó su dinero en la aventura de “El Creador”, viajó de ida y vuelta entre Madrid y Ciudad de México y solamente le pedían más y más para producción sin siquiera ver algo del trabajo realizado. Hasta que habló directo con “El Creador” y dio por terminada la relación.
Por cierto, Netflix, tanto en México como en España, jamás tuvieron comunicación con “El Creador”.
Vaya ni un mail, una llamada, no había nada que confirmara que realmente “El Creador” estaba interesado en colocar el producto final en alguna plataforma de streaming o evidencia de que tuviera siquiera los contactos para hacerlo posible.
A los pocos meses “El Empresario” se enteró que “El Creador” buscaba locación en la zona de Cuetzalan y otros pueblos mágicos para “su próximo proyecto”. Mientras tanto estafó a algunos líderes de cámaras empresariales, vivió de prestado y de comidas pagadas a cuentas de sus viejos amigos.
Por cierto, el nuevo proyecto tampoco se materializaba y llevaba años atorado… Hasta que encontró a un nuevo benefactor.
Hasta antes de este proyecto buscaba desesperadamente el contacto del gobernador de Puebla, Alejandro Armenta Mier en tiempos de la transición.
“El Creador” soñaba con entrar a la nómina. En corto decía a sus amigos que le interesaba acercarse a Armenta, que “le pediría el Sicom, donde podría hacer muchos negocios”. Que pagaría sus deudas, retomaría a las amistades que estafó y volvería a ese sueño dorado de su vida en dólares.
Al poco tiempo “El Creador” reapareció detrás de una nueva producción de la que se ha hablado mucho. Esperemos que este nuevo producto sí salga a la luz. Y hayan terminado sus días de estafa.
Porque parece que el negocio de “El Creador” es mantener por años en preproducción y producción los proyectos a costillas de quienes le sueltan sumas millonarias mientras él vive a cuerpo de rey.

Pero, como siempre, espero equivocarme.
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