Tehuacán, del optimismo de “PowerPoint” a la realidad de Barroso 

Alto a la extorsión

En la política poblana, como en las carpetas de investigación, hay cosas que simplemente no cuadran por más que les echen crema a sus tacos.  

Y en Tehuacán, parece que algunos personajes han decidido mudarse a vivir a una realidad alterna, una construida con gráficas de colores y encuestas de esas que se compran por kilo para que el cliente siempre salga guapo, peinado y con ventaja. 

Hablemos claro. El candidato de María del Rosario Orozco Caballero, Alfredo Chávez anda desbordado de optimismo.  

Un optimismo que raya en lo sospechoso. Su narrativa insiste en vendernos un crecimiento milagroso, una suerte de despertar social que, curiosamente, solo él y su equipo de comunicación alcanzan a ver en sus espejismos.  

Pero incluso en las mediciones que sus propios operadores intentan filtrar para “placearlo”, los números le juegan rudo.  

Chávez aparece por debajo en prácticamente todos los rubros que importan. Porque una cosa es pagar pauta en redes y otra, muy distinta, es tener la estructura para sostener un proyecto serio. En política, el optimismo sin estructura no es estrategia, es un “sueño guajiro”. 

Mientras unos se desgastan repartiendo candidaturas imaginarias en las mesas del café, el presidente municipal Alejandro Barroso Chávez está haciendo lo que otros simplemente no pueden. Mandar y ejercer el poder que, aunque a algunos no les guste, lo tiene. 

No es lo mismo ser el “aspirante” que se toma la foto saludando al de los esquites, que ser el alcalde de la segunda ciudad más importante del estado.  

Barroso no está en fase de posicionamiento; está en la fase de la operación política real, la que quema, la que desgasta, pero la que también da el oficio que solo se adquiere en el despacho principal del Palacio Municipal. 

Y ojo aquí, porque incluso con el maquillaje que le quieran poner a las encuestas para intentar bajarlo, los números fríos no mienten en cuanto a conocimiento, intención de voto y competitividad, que, a pesar del golpeteo, se mantiene firme. 

Al final del día, la diferencia es evidente. Mientras unos perfiles crecen nada más en las columnas amigas y en las encuestas “patito”, Barroso sigue construyendo. Sí, aun le falta consolidar presencia en el territorio. Pero Morena va tener en breve que definir a quién le tocará ser el coordinador rumbo a la próxima jornada electoral. 

Y Barroso ha demostrado que sabe operar con grupos antagónicos y que tiene la piel dura para aguantar la presión. 

Así que, a los que ya andan repartiendo el pastel antes de meterlo al horno, les convendría leer mejor las mediciones —las reales, no las que les mandan por WhatsApp—.  

Porque en Tehuacán, entre el ruido de los optimistas y los hechos del que gobierna, la distancia es tan larga como la carretera de Puebla a la Mixteca. 

Y en esa carrera, la realidad siempre termina por alcanzar a los que corren con los ojos cerrados. 

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