Para aquellos que no lo notan. El tablero político rumbo a 2027 ya no es una proyección teórica. Es una realidad en movimiento en todos los niveles.
Si volteamos a ver Tehuacán, como ocurre en toda antesala electoral, los perfiles políticos han comenzado a definirse.
Pero, a diferencia de otros tiempos, la distinción ya no reside en quién grita más fuerte, sino en quién tiene la capacidad de administrar soluciones en lugar de gestionar inconformidades.
Aunque no lo pareciera, la reciente crisis tarifaria del agua ha servido como la primera gran “prueba de estrés” para la administración de Alejandro Barroso Chávez. Y, hay que decirlo: ha dejado lecciones claras sobre la diferencia entre la política de fachada y la política de resultados.
Durante años, la estrategia local fue la inercia: patear los problemas hacia adelante para evitar el costo político inmediato. El resultado de esa omisión es una herencia pesada. Una deuda cercana a los 70 millones de pesos y un organismo operador al borde del colapso.
Hoy, el contraste es evidente. Mientras ciertos sectores buscan en cada coyuntura una plataforma de desgaste con el previsible ejercicio del golpeteo político, Barroso ha optado por una ruta mucho menos rentable en términos de aplausos momentáneos, pero mucho más sólida en términos de viabilidad: sanear.
Lo que estamos observando no es un golpe de suerte, sino una metodología de gobierno que se aleja de la improvisación.
Vemos interlocución real. Más de mil ciudadanos participaron en espacios de diálogo directo. No fue un evento para la foto; fue una prueba de capacidad de escucha, incluso frente a sectores abiertamente inconformes.
Han generado acciones concretas. Se establecieron descuentos directos (del 40% al 50%) para grupos vulnerables y se lanzó una ruta financiera para pagar la mitad de la deuda heredada este mismo 2026.
Y por fin parece que hay visión técnica. El compromiso no es solo apagar el fuego actual de la crisis, sino presentar un Plan Hídrico con proyección a 2027.
La ciudadanía tiene una memoria más precisa de lo que muchos políticos creen. Rumbo a las intermedias, el votante aprenderá a distinguir entre quien administra la crisis para sacar provecho electoral y quien asume el costo de tomar las decisiones difíciles necesarias para que la ciudad funcione.
El músculo político no se demuestra únicamente con movilizaciones o declaraciones estridentes; se demuestra en las juntas auxiliares, en la capacidad de sostener el diálogo y, sobre todo, en convertir la presión social en acuerdos medibles.
Si la gobernabilidad se mantiene y el orden financiero sustituye a la improvisación aunque algunos no lo crean Alejandro Barroso busca convertir una crisis —que para muchos era un riesgo de muerte política— en una ventaja competitiva.
Al final del día, cuando el ruido de la estridencia pierde fuerza, lo único que queda sobre la mesa es la capacidad de conducción.
Quienes lo den por muerto para la reeleción deben revisar el tablero político otra vez.
Porque la carrera por 2027 apenas comienza.
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