La política nacional siempre sacude los rincones regionales. Veracruz es ahora uno de ellos que ve un panorama curioso para el arranque del gobierno de Rocío Nahle García y la nueva configuración que podría tener el apellido Yunes.
Con todos sus negativos, el apellido Yunes, desde hace decenios ha estado incrustado en la política nacional y estatal, particularmente en tierras veracruzanas.
Se había manejado la idea de que Miguel Ángel Yunes era –sí, en pasado– un político inteligente, que sabía sortear todo tipo de obstáculos y que con el particular ingenio que lo caracterizaba.
Miguel Ángel Yunes conocía los mecanismos para ganarse la confianza de los gobernantes y conseguir así mantenerse en cargos públicos a él o a su estirpe.
Así transitó durante muchos años hasta que se topó con las habilidades negociadoras de Adán Augusto López.
Adan Augusto, conocedor de los instrumentos de la praxis política, lo sentó frente a él para negociar el voto del senador Miguel Ángel Yunes Márquez, su hijo, a favor de la reforma judicial de Andrés Manuel López Obrador.
Podría suponerse que, sobre la mesa donde ambos personajes se sentaron, estaban los expedientes de las fiscalías. Tanto la federal como la estatal, que supuestamente involucran al clan Yunes en delitos por diversos actos ilícitos de los que ameritarían prisión. Algunos de ellos ya en breve serán configurados para generar órdenes de aprehensión de manera exprés.
Después de escuchar las convincentes condiciones del ex secretario de Gobernación, el patriarca Miguel Ángel Yunes Linares, tradicionalmente aguerrido y contestatario, dobló el sentido del voto del senador de su hijo Yunes Márquez, para que cupiera en la urna de Morena.
Además, las habilidades negociadoras de Adán Augusto López Hernández dejaron en el desamparo político a los Yunes.
Así como lo lee. No pueden poner ya un pie en Veracruz, ni en ningún ámbito político de lo virtual y lo físico. Ya no los quieren en el PAN, donde militaban, no los quieren ni en Morena, al que favorecieron con el voto y ante quienes se arrastraron, ni en el Verde Ecologista.
Para colmo, muchos veracruzanos antes relacionados con ellos, ahora los evitan.
Más allá de la polémica de los Yunes aliados a Morena y el evidente enojo que podría provocar con la gobernadora electa, Rocío Nahle, al verlos siquiera cercanos a las huestes de color guinda.
Mientras tanto Adán Augusto consiguió el voto de Yunes y de otros opositores, que hacían falta para alcanzar los 86 necesarios para la mayoría calificada en la Reforma Judicial. Lo demás fue pan comido. Los Congresos estatales uno a uno aprobaron la reforma y esta ya fue publicada en el Diario Oficial de la Federación.
Ya solo es cosa de instrumentarla. Hay quienes lo celebran, hay quienes la critican por ignorar verdaderas modificaciones en las Fiscalías y en otros ámbitos de los operadores judiciales. Sin embargo, ya es ley aprobada.
Adán Augusto López Hernández le ha entregado buenas cuentas al presidente Andrés Manuel López Obrador, y ahora a la presidenta electa Claudia Sheinbaum, quien estaría dispuesta, sin lugar a dudas, a considerarlo como unos de sus operadores políticos. El papel que es evidente desempeñará diligentemente, por su interlocución con los diferentes partidos políticos.
Los Yunes mientras están desterrados de todo elemento de la política nacional. Yunes Márquez será un senador florero. Rocío Nahle acotará sus movimientos en lo regional y simplemente Adán Augusto amarró su sitio con el patriarca de Morena y ahora con la poseedora del bastón de mando.
Ahora viene la reforma a la Guardia Nacional. Este jueves se vota en la Cámara de Diputados la reforma que modificará 12 artículos de la Constitución para mantener a este ente en manos de la Secretaría de la Defensa Nacional y permitirle trabajos como apoyo en la investigación de los delitos bajo el mando de un Ministerio Público.
Y cuando llegue al Senado no duden que Adán Augusto nuevamente tendrá un papel hegemónico en el tema.

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