El debate sobre el aumento a las tarifas del agua en Tehuacán pone sobre la mesa una duda razonable.
La pregunta busca el momento exacto en el que el Organismo Operador del Sistema de Agua Potable y Alcantarillado de Tehuacán (Oosapat) perdió su estabilidad.
Al revisar los datos públicos y los informes de Cabildo, el rastro conduce al periodo entre 2019 y 2021.
Bajo la dirección de Jaime Enrique Barbosa Puertos, el organismo experimentó un deterioro administrativo constante.
Al inicio de su encargo, Barbosa Puertos señaló irregularidades de sus antecesores por pagos pendientes de energía eléctrica y nóminas.
No obstante, los registros muestran que el organismo dejó de cubrir los derechos de extracción y descargas ante la Comisión Nacional del Agua (Conagua).
Lo que empezó como una crítica al desorden previo terminó en un adeudo superior a los 18 millones de pesos al cierre de su ciclo.
Los testimonios y denuncias en medios locales exponen que el Oosapat funcionó como una plataforma de promoción personal.
Barbosa Puertos buscó la presidencia municipal y utilizó recursos del organismo para fines ajenos a su naturaleza. El director ordenó la entrega de despensas, sillas de ruedas y tarjetas de descuentos. Estas acciones carecían de sustento legal, pues el organismo no posee facultades para ejecutar programas sociales de ese tipo.
La estructura del poder estatal en ese momento facilitó estas decisiones. El parentesco directo con el entonces gobernador, Luis Miguel Barbosa Huerta, otorgó un margen de maniobra que eludió los controles internos.
Durante ese tiempo, las quejas por actos anticipados de campaña llegaron a las instancias electorales, mientras la caja del organismo cubría gastos de obra pública directa no autorizada.

La salida del funcionario no ocurrió de forma institucional. Existió una resistencia marcada a dejar el cargo tras el cambio de administración municipal. El conflicto escaló hasta requerir la mediación del gobierno del estado. Además, los trabajadores señalaron el intento de retención de sus fondos de ahorro, lo que derivó en una demanda por despido injustificado interpuesta por el propio exdirector contra la institución que encabezó.
Los datos oficiales posteriores a 2021 revelan un organismo con nula capacidad de inversión.
La crisis actual del Oosapat tiene raíces en el uso del presupuesto para fines electorales. La prioridad de la gestión anterior fue la imagen política y no el mantenimiento de la red hidráulica.
Hoy, el municipio de Tehuacán enfrenta las consecuencias de una administración que puso las aspiraciones individuales por encima del servicio básico.
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