El siguiente paso: ¿BUAP GPT? 

Alto a la extorsión

Seguramente ya leyó a los sesudos periodistas poblanos diseccionando el poder como si fuera un péndulo que va y viene en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP). 

Ahora, con la presentación formal de Marcelo García Almaguer en la Agencia de Inteligencia Artificial Especializada he visto todo tipo de comentarios. 

Principalmente aquellos que cuestionan cómo carambas es que dejaron llegar a un exmorenovallista, neoarmentista, peligrosamente cerca de la rectora de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, Lilia Cedillo Ramírez. 

El análisis a botepronto se va por el árbol y no por el bosque.  

La creación de una Agencia de Inteligencia Artificial Especializada es algo que ya se venía gestando y que, pone a la vanguardia a la BUAP.  

No solo porque ya estamos a nada de que la misma BUAP genere su propio LLM (Large Language Model o Modelo de Lenguaje a Gran Escala, en español).  

Dicho con peras y manzanas, esto es el primer paso para que la universidad entre al ruedo de la generación de sistemas avanzados de Inteligencia Artificial que comprenden y generan texto humano de forma natural. Y que ya son entrenados con vastas cantidades de datos para tareas. Así es, lo que conocemos como el vulgar ChatGPT, pero que empresas como Amazon han utilizado para agilizar sus procesos de programación básica y que, principalmente universidades de prestigio internacional ya trabajan y mantienen sus propios modelos.  

La universidad de Stanford tuvo sus propios GPTs, como Alpaca y Centaur que fueron pioneros hacer que el modelo siga órdenes. 

La Universidad de Berkeley generó, Vicuna y en el ámbito académico de la actividad digital se volvieron famosos por crear modelos de alta calidad con bajo presupuesto de entrenamiento. 

La Universidad Tsinghua de China generó el ChatGLM, actualmente GLM-4, que fueron de los primeros modelos bilingües de chino a inglés con capacidades de razonamiento muy altas. 

Carnegie Mellon generó Pythia, diseñado específicamente para estudiar cómo aprenden los modelos durante el entrenamiento. 

La lista es interminable y la BUAP estaba fuera de esos menesteres. En México solamente el Tec de Monterrey y la UNAM han comenzado a generar sus propios modelos y adaptaciones, pero aún en experimentación. 

La generación de una Agencia de Inteligencia Artificial Especializada que impulse cambios de este tipo en Puebla es una gran noticia. Más allá de nombres, membretes y politiquería barata.  

Que la BUAP su propio LLM —o una versión adaptada y entrenada con sus propios datos— representaría un salto estratégico no solo para la institución, sino para la región. 

Primero porque que generará soberanía de datos y privacidad. Las universidades manejan información sensible, expedientes académicos, investigaciones en curso, patentes y datos administrativos. 

Al tener un modelo propio (alojado en servidores de la BUAP), la información no se envía a servidores externos de OpenAI o Google en EE. UU. Esto garantiza que la propiedad intelectual de los investigadores poblanos se quede en casa. 

Seguramente, generará especialización en el contexto regional para Puebla. Un modelo de la BUAP puede ser entrenado con el acervo histórico de la universidad, terminología técnica local y documentos legales específicos del estado de Puebla. Esto lo haría mucho más preciso para redactar documentos oficiales o analizar la realidad socioeconómica de la región. 

Y a largo plazo la generación de una agencia así podrá permitir que la BUAP en poco tiempo pueda generar un modelo propio de código abierto que permite que miles de estudiantes lo usen simultáneamente de forma gratuita dentro de la red universitaria. 

Y, finalmente, no es lo mismo usar una IA que construirla. Que la BUAP inicie algo así convierte a la máxima casa de estudios en un hub tecnológico. Estudiantes de Ciencias de la Computación, Electrónica y Lingüística pueden “abrir el cofre” de la IA para entender cómo funciona, mejorar sus algoritmos de atención y experimentar con nuevas arquitecturas de redes neuronales. 

Incluso Puebla, con la riqueza lingüística enorme con el náhuatl y el totonaco podría entrenar específicamente al modelo para la traducción y preservación de lenguas indígenas, algo que no es prioridad para las grandes tecnológicas de Silicon Valley, pero que tiene un valor cultural incalculable para la universidad. 

En fin.  

Es el primer gran paso de la BUAP en una materia poco explorada regionalmente.  

Y la neta, que no puede ser opacado por análisis chicharronero basado solo en un nombre o un grupo político. 

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